Cuando las cosas se salen de control, nada como saber improvisar. Cualquiera que sepa planear bien sabe que las cosas no siempre salen como queremos. En cualquier cosa existen imprevistos y, si no te preparas para lidiar con ellos, raramente encontrarás el éxito.
Como en muchas otras cosas, es simple cuestión de actitud. Quienes son controladores piensan que pueden planear para cualquier cosa y se pasman cuando algo no sale como lo esperaban.
Los flojos no planean en absoluto, así que todo es un imprevisto. Nada mal si piensas rápido, pero todo se puede juntar para que fracases.
Los realistas sabemos que no podemos planear para todo, aunque lo intentemos, pero tener un plan nos dice que hay un objetivo y nos lleva hacia él. Improvisar puede ser una habilidad valiosa, pero si dependes mucho de ella, algo está mal.
Lo mejor es tener un sano equilibrio. Ni poco ni demasiado. Planear de manera excesiva detiene todas las cosas, pero no planear en absoluto te acerca más al fracaso. Saber ejecutar bien un plan puede llevarte paso a paso al éxito, pero debes saber improvisar para brincar los obstáculos que aparezcan de sorpresa.
Si todo estuviera escrito, la vida sería mucho muy fácil, pero no es así. Eso es también lo que la hace más entretenida. Improvisar no es falta de disciplina; es adaptación. Encuentra tu balance y cambia las probabilidades a tu favor.