Cuando se trata de actitudes, todos somos muy distintos. A veces no importa qué actitud tengas: los demás parecen ponerse de acuerdo para estar en tu contra.
Aunque eso es parte del juego, a veces simplemente olvidamos que, nos guste o no, somos parte de una sociedad y no todos tenemos las mismas ideas.
Así, una ardilla puede ser una fuente de gérmenes para un hipocondriaco o una muestra de diversidad para un ecológico.
La manera en que las personas toman las cosas varía de acuerdo a su propia escala de valores y más vale que tengamos una actitud abierta a la diversidad.
Si tú un día no saludas a tres personas una de ellas puede tomarlo como un insulto, otra como un desaire y la tercera ni siquiera se dará cuenta.
La falta de empatía hacia los demás puede generar muchos problemas.
Hace años tenía 3 clientes. Uno de ellos decía que yo era el mejor que lo había atendido, otro decía que era aceptable y el último decía que yo no servía para nada.
¿Lo interesante del asunto? A los 3 los trataba exactamente igual. Gracias a un gerente que me ayudó a identificar las necesidades de cada uno (en ese tiempo todavía estaba muy verde), pude adaptarme a lo que cada uno necesitaba.
Con eso mis evaluaciones mejoraron notablemente.
Así como tú te adaptas a algunas personas, es de esperar que muchas de ellas se adapten a ti. Claro que puedes considerarte el ser perfecto (no serías la primera persona en hacerlo), pero la realidad es que muchos ceden para poder llevar las cosas en armonía contigo.
¿Qué tanto lo haces tú? Si te esfuerzas en siempre salirte con la tuya y que todo debe hacerse a tu modo, tal vez sea hora de revisar si no estás llevando las cosas demasiado lejos.
Los humanos tenemos la capacidad de llevarnos bien cuando queremos, pero también podemos ser inflexibles y molestos con los demás.
Cada día somos más. No importa para donde vayas, la población está aumentando. Lo que parece que no aumenta es nuestra capacidad para llevarnos bien.
¿Cambiará eso o terminaremos matándonos por tropezar con alguien en una calle atestada?
Suena un poco exagerado, pero ya sucede.
No podemos controlar a los demás pero sí podemos controlarnos nosotros mismos. Aunque parezca que no, la gran mayoría de la gente responderá de la misma manera. Además, nunca lo sabrás a menos que lo intentes, digamos, ¿mañana?
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Para ganar dinero es necesario tener más que herencias, loterías o suerte. Con la actitud correcta, puedes lograr grandes cosas, materiales y de otro tipo.
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lunes, 6 de febrero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
Tú puedes inspirar el cambio
Aunque algunos no están muy de acuerdo, muchos estudios han demostrado que muchos de nuestros comportamientos (especialmente los peorcitos) son muy parecidos a los chimpancés. De hecho, el comportamiento de estos últimos, que incluye envidia, venganza y guerra, no los hace muy diferentes de lo que hacemos; solo que tenemos herramientas más padres.
Así que, básicamente, somos changos sin pelo. Y, por desgracia, mostramos esa parte de nosotros más veces que menos.
Sin embargo, con el tiempo aprendemos a controlarnos y a vivir en lo que parece una sociedad más o menos estable, quitando los pequeños inconvenientes de todos los días, como el conductor que se pasa un alto, la gente que se cruza la calle sin utilizar los puentes o los que pegan el chicle debajo de la silla.
El problema es que podemos descender al comportamiento del mono en un segundo.
¿No me crees? Ve un partido de cualquier deporte. Asiste a un mitin político. Ve a un concierto. En cualquiera de estos eventos (y muchos otros), los asistentes han mostrado el lado simiesco de la humanidad, armando relajos que nos muestran como somos.
Si todo mundo es así, ¿de qué sirve que yo me porte bien?
Eso lo he pensado muchas veces cuando alguien más tira basura o se hace el loco cuando le dicen que estorba, pero ayer vi un estudio que me dio algo de esperanza.
Resulta que repitieron un experimento en el que una persona, siguiendo las instrucciones de un “doctor”, le daba choques eléctricos a otra persona cuando contestaba una pregunta incorrectamente.
El voltaje iba subiendo y el sujeto seguía dándole toques al otro, aunque gritara de dolor (hay que aclarar aquí que no había nadie recibiendo descargas; solo eran gritos y quejas fingidas).
La gran mayoría siguieron con el experimento aunque el voltaje subiera a niveles peligrosos. Los que dudaban solo necesitaban que el "doctor" les ordenara seguir, pero muchos hasta se reían. Solo unos pocos dijeron que no querían hacer sufrir a un congénere y salieron del lugar.
Sin embargo, hubo una variante interesante: a otros los metieron con un investigador, disfrazado como participante.
Al comenzar con los choques eléctricos, el investigador de pronto se levantaba y decía “Esto está mal, yo no pienso seguir con esto” y se iba hacia la puerta. En éste caso, la gran mayoría ya no quiso seguir con el experimento.
¿Qué nos dice esto? Que cuando alguien defiende un ideal, la gran mayoría lo sigue. Así que cuando haces algo bueno, a veces sin que te des cuenta, inspiras a alguien a hacerlo también.
Menos mal que tener valores también los esparce, ¿no crees?
Así que, básicamente, somos changos sin pelo. Y, por desgracia, mostramos esa parte de nosotros más veces que menos.
Sin embargo, con el tiempo aprendemos a controlarnos y a vivir en lo que parece una sociedad más o menos estable, quitando los pequeños inconvenientes de todos los días, como el conductor que se pasa un alto, la gente que se cruza la calle sin utilizar los puentes o los que pegan el chicle debajo de la silla.
El problema es que podemos descender al comportamiento del mono en un segundo.
¿No me crees? Ve un partido de cualquier deporte. Asiste a un mitin político. Ve a un concierto. En cualquiera de estos eventos (y muchos otros), los asistentes han mostrado el lado simiesco de la humanidad, armando relajos que nos muestran como somos.
Si todo mundo es así, ¿de qué sirve que yo me porte bien?
Eso lo he pensado muchas veces cuando alguien más tira basura o se hace el loco cuando le dicen que estorba, pero ayer vi un estudio que me dio algo de esperanza.
Resulta que repitieron un experimento en el que una persona, siguiendo las instrucciones de un “doctor”, le daba choques eléctricos a otra persona cuando contestaba una pregunta incorrectamente.
El voltaje iba subiendo y el sujeto seguía dándole toques al otro, aunque gritara de dolor (hay que aclarar aquí que no había nadie recibiendo descargas; solo eran gritos y quejas fingidas).
La gran mayoría siguieron con el experimento aunque el voltaje subiera a niveles peligrosos. Los que dudaban solo necesitaban que el "doctor" les ordenara seguir, pero muchos hasta se reían. Solo unos pocos dijeron que no querían hacer sufrir a un congénere y salieron del lugar.
Sin embargo, hubo una variante interesante: a otros los metieron con un investigador, disfrazado como participante.
Al comenzar con los choques eléctricos, el investigador de pronto se levantaba y decía “Esto está mal, yo no pienso seguir con esto” y se iba hacia la puerta. En éste caso, la gran mayoría ya no quiso seguir con el experimento.
¿Qué nos dice esto? Que cuando alguien defiende un ideal, la gran mayoría lo sigue. Así que cuando haces algo bueno, a veces sin que te des cuenta, inspiras a alguien a hacerlo también.
Menos mal que tener valores también los esparce, ¿no crees?
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