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jueves, 22 de marzo de 2012

La influencia de tu entorno


Aunque no nos guste aceptarlo, nuestro comportamiento, nuestras metas y hasta nuestros gustos están dictados por lo que vemos y hemos vivido toda nuestra vida.

Desde hace mucho se ha comprobado que nacemos prácticamente sin gustos. Hasta lo que comemos viene de lo que nos enseña nuestro entorno, especialmente la sociedad en la que vivimos.

¿Por qué hay quienes se vomitan con ver insectos y otros que los consideran un manjar? Y no estoy hablando de un país pobre que no tiene que comer; los franceses comen caracoles y los pagan muy bien, mientras que aquí en México solo son plaga.

Tu comportamiento, te guste o no, lo aceptes o no, está dictado por lo que has aprendido durante años y lo que ves todos los días.

Por un lado no tiene nada de malo. Cuando nos acoplamos a nuestro entorno social podemos tener nuestro lugar, pasarla bien y hasta prosperar, pero hay cosas que simplemente son obstáculos para quien quiere hacer algo diferente.

¿Te preguntas por qué hay algunas personas que logran cosas más importantes que tú? Tal vez tengas que ver qué es lo que influye en ti.

Probablemente no has pensado en qué es lo que define tu comportamiento. Por ejemplo, mucha gente quiere que su hijo sea doctor. Un doctor se asocia con nobleza, conocimiento, estatus social y mucho dinero. Como tal vez te imagines, eso no es la realidad. Hay doctores tranzas, sin muchos conocimientos, que nadie quiere y que son pobres.

Hasta en cosas tan simples como el equipo de fútbol al que le vas está dictado por el lugar en donde creciste, tu familia y los amigos con los que te juntas.

Así que si no estás ganando lo que quieres, si tu vida no va por el curso que querías y si crees que es muy difícil salir del lugar al que parece que te destinaron, fíjate en tu entorno. ¿Todos los demás son así? ¿Todos piensan igual? ¿Todos están en la misma situación?

Si es así, entonces es hora de que te muevas. Si los demás quieren quedarse donde están, bien por ellos. Te perderás de algunas fiestas o no irás al bar todos los viernes pero podrás hacer algo adicional que siempre has deseado o empezar a ganar dinero extra o aprender nuevas cosas.

Si te dejas influenciar por el entorno, terminarás pensando como el entorno y no siempre es lo mejor. Siempre tenemos la capacidad de decidir. Solo es cuestión de qué decidas.


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miércoles, 25 de enero de 2012

Tú puedes inspirar el cambio

Aunque algunos no están muy de acuerdo, muchos estudios han demostrado que muchos de nuestros comportamientos (especialmente los peorcitos) son muy parecidos a los chimpancés. De hecho, el comportamiento de estos últimos, que incluye envidia, venganza y guerra, no los hace muy diferentes de lo que hacemos; solo que tenemos herramientas más padres.

Así que, básicamente, somos changos sin pelo. Y, por desgracia, mostramos esa parte de nosotros más veces que menos.

Sin embargo, con el tiempo aprendemos a controlarnos y a vivir en lo que parece una sociedad más o menos estable, quitando los pequeños inconvenientes de todos los días, como el conductor que se pasa un alto, la gente que se cruza la calle sin utilizar los puentes o los que pegan el chicle debajo de la silla.

El problema es que podemos descender al comportamiento del mono en un segundo.

¿No me crees? Ve un partido de cualquier deporte. Asiste a un mitin político. Ve a un concierto. En cualquiera de estos eventos (y muchos otros), los asistentes han mostrado el lado simiesco de la humanidad, armando relajos que nos muestran como somos.

Si todo mundo es así, ¿de qué sirve que yo me porte bien?

Eso lo he pensado muchas veces cuando alguien más tira basura o se hace el loco cuando le dicen que estorba, pero ayer vi un estudio que me dio algo de esperanza.

Resulta que repitieron un experimento en el que una persona, siguiendo las instrucciones de un “doctor”, le daba choques eléctricos a otra persona cuando contestaba una pregunta incorrectamente.

El voltaje iba subiendo y el sujeto seguía dándole toques al otro, aunque gritara de dolor (hay que aclarar aquí que no había nadie recibiendo descargas; solo eran gritos y quejas fingidas).

La gran mayoría siguieron con el experimento aunque el voltaje subiera a niveles peligrosos. Los que dudaban solo necesitaban que el "doctor" les ordenara seguir, pero muchos hasta se reían. Solo unos pocos dijeron que no querían hacer sufrir a un congénere y salieron del lugar.

Sin embargo, hubo una variante interesante: a otros los metieron con un investigador, disfrazado como participante.

Al comenzar con los choques eléctricos, el investigador de pronto se levantaba y decía “Esto está mal, yo no pienso seguir con esto” y se iba  hacia la puerta. En éste caso, la gran mayoría ya no quiso seguir con el experimento.

¿Qué nos dice esto? Que cuando alguien defiende un ideal, la gran mayoría lo sigue. Así que cuando haces algo bueno, a veces sin que te des cuenta, inspiras a alguien a hacerlo también.

Menos mal que tener valores también los esparce, ¿no crees?