En un mundo como el nuestro, las palabras positivas parecen estar totalmente fuera de lugar. De hecho, cuando alguien tiene actitudes o palabras positivas, normalmente se les considera medio locos o “de esos”.
Que quieres… a como está el mundo, es difícil creer que alguien pueda ir por el mundo con una sonrisa en la cara y pensando que solo decir unas palabras es suficiente para cambiar las cosas.
Sin embargo, se ha comprobado muchas veces en cientos de estudios que las palabras pueden cambiar tu actitud y tu actitud puede cambiar los resultados de las cosas que quieras hacer.
Lo triste es que hay una prueba contundente a esto, aún cuando no creas en los estudios publicados.
Yo la veo casi todos los días, en muchas circunstancias. En el tráfico, en la cola del supermercado, en la fila para un trámite… parecen no tener fin.
Me refiero por supuesto, a las groserías, insultos y faltas de respeto que recibimos todos los días, a propósito de muchas cosas, merecidas o no.
¿Qué sientes cuando alguien te dice algo de tu madre, de tu peso o alguna otra cosa? ¿Qué quisieras hacerle a esa persona cuando te humilla? Peor todavía: ¿Qué efecto pueden tener en ti tus propias palabras y emociones negativas?
Las noticias están llenas de crímenes y malas cosas que suceden porque alguien “no se iba a dejar” que le dijeran algo.
Entonces, si un montón de palabras negativas puede desencadenar ese tipo de consecuencias en nosotros, ¿por qué es tan descabellado pensar que frases positivas puedan cambiar tu actitud hacia las cosas?
Cosas como el efecto Placebo (el tomar una pastilla de azúcar pensando que es medicina y sentir mejoría) se han observado durante años, aún cuando no sean el centro del estudio.
Si crees que utilizar frases positivas no sirve de nada, tal vez es hora de que lo pongas a prueba, aún cuando tengas reservas.
Si solo conoces los efectos del sarcasmo y el cinismo, ¿no es parte de nuestra naturaleza el probar otras cosas?
He visto los efectos de la depresión en la gente. Aunque es, válgame el término, deprimente, también he visto los efectos que tiene la actitud positiva en muchas personas.
Haz la prueba. Hay miles de libros, audios, cursos y toda forma de publicación con afirmaciones y frases positivas. Lo puedes hacer frente al espejo y sin que nadie te vea, o cuando vayas manejando hacia el trabajo.
Es probable que los resultados tomen solo unos cuantos días y algunos pueden ser inmediatos. A fin de cuentas, ¿qué puedes perder?
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Para ganar dinero es necesario tener más que herencias, loterías o suerte. Con la actitud correcta, puedes lograr grandes cosas, materiales y de otro tipo.
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viernes, 12 de octubre de 2012
martes, 28 de agosto de 2012
¿Qué no hablamos el mismo idioma?
Hace unos días estaba hablando con una sobrina a la que le pagué unos cursos. Con estos cursos iba a poder conseguir un mejor trabajo y ganar más dinero. He de decir que lo hice con gusto y lo volvería a hacer; no me quedé muriéndome de hambre por facilitarle ese dinero y creo que mientras mejor trates a la gente, mejor te va en la vida.
Bueno, eso hasta la última conversación que tuvimos. En ella se quejaba de que todo estaba ya muy difícil para cualquiera y que las posibilidades de encontrar un buen trabajo eran cada día más difíciles.
También comentó amargamente que para poder triunfar en este país era necesario tener mucho dinero para tener tu propio negocio o tener “palancas” con políticos o empresarios para que te dieran facilidades.
No puedo reprocharle que piense así; yo mismo he tenido esos pensamientos de cuando en cuando. Sin embargo, también me gusta ver la gran cantidad de personas que salen de la pobreza o suben su nivel de vida gracias a su actitud, trabajo y búsqueda de oportunidades.
De igual manera, me anima saber de algunos que han logrado éxitos fuera de toda expectativa, como llegar a millonarios con todo en contra.
Si ellos pueden, ¿por qué ella no? Así que le dije que no se dejara llevar por esa actitud, que había muchas personas con muchas más desventajas, que habían tenido que superar obstáculos mucho más grandes y algunos habían tenido que trabajar para poder pagarse sus propios estudios.
Si ella no había tenido todos esos problemas, seguramente podría irle mejor.
Después de eso se le retorció la cara por la ira, me dijo que me iba a pagar todo para que no le estuviera “echando en cara lo que le había pagado” y que gracias por decirle que era una tonta.
Lo único que pude pensar es, ¿qué no hablamos el mismo idioma? ¿Dónde una conversación de actitud pasó a un reclamo de dinero y comentarios despectivos?
A veces nuestra visión de las cosas se nubla. A veces dejamos que lo que estamos viviendo o pensando se encargue de todos nuestros pensamientos. A veces encontramos en una palabra la razón para enojarnos o salir corriendo.
Nunca intenté reclamarle lo que le he dado. Lo hice con gusto y lo haría otra vez. De hecho, si quisiera hacerlo lo hubiera hecho mucho antes.
Tampoco creo que sea tonta. Durante todo este tiempo me ha dado gusto ver su gusto por el estudio y las ganas de progresar y se lo digo a ella y a quien quiera escucharme.
¿Por qué me vio de pronto como su enemigo? No sé. Lo que sí sé es que me ha pasado. Hay veces que me dicen algo y lo convierto en un insulto hacia mi persona, mis ideas o mi desempeño, aunque no tenga nada que ver.
Con el tiempo eso puede arreglarse, pero hay que tener cuidado de que estás haciendo algo al respecto. De otra manera, tal vez empieces a dejar de lado a tus amigos, solo porque entendiste algo mal.
Porque para malinterpretar y pensar mal, nos pintamos solos… ¿o no?
Parte de crecer incluye ver todo con otros ojos. No todos te buscan para aprovecharse de ti y no todos hablan a tus espaldas y a veces un comentario no es sarcasmo; es solo un comentario.
Ver la vida con mejores ojos nos ayuda a ser mejores nosotros mismos. Difícil tener una buena actitud cuando crees que todos están en tu contra. ¿No crees?
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lunes, 20 de agosto de 2012
Si ves muchos obstáculos...
Una faciliadad que tenemos los humanos es la de ver obstáculos, especialmente para cumplir propósitos.
Uno de tantos propósitos de año nuevo que todavía están pendientes es el de bajar la panza.
Claro que he hecho algunas cosas y se han ido algunos centímetros (aunque algunos de ellos por 3 días de enfermedad que me tuvieron sin comer), pero no el plan estructurado que preparé en Enero.
¿La razón? Bueno, entra la flojera, el pulmón que casi se me sale después de un rato de bicicleta y el dolor de piernas después de una sesión larga, hay muchos otros obstáculos.
Uno de ellos es el tiempo. En las vacaciones no había mucho problema, pero desde que entraron a la escuela, entre llevarlos y traerlos no queda mucho espacio para sacudir un poco las piernas en la bicicleta.
Otro es el espacio. Con genta haciendo tarea y pasando a cada rato por donde está la bicicleta, las distracciones son constantes. ¿Cómo le hago para hacer mi ejercicio sin distracciones?
Bueno, podría poner más cosas pero el chiste es que, tantos obstáculos hacen que la cosa sea medio difícil.
Claro que los obstáculos son lo que hace todo mejor y que nosotros debemos brincar los obstáculos y todas esas ondas de la autoayuda, pero no vas a negar que muchos obstáculos despiertan nuestro antiguo instinto de postergación.
Pero bueno, el fin de semana queríamos asar carne y comer taquitos. Como fue una decisión espontánea, no había nada. Estaba medio mojado por la lluvia, así que tuve que limpiar y secar el asador y ponerlo bajo una lona que tenemos.
Como no había de las tortillas que nos gustan, fui temprano a la tortillería para agarrarlas todavía calientes y a comprar algunas cosas más. O sea, domingo a las 7 am… pero bueno, algún precio hay que pagar.
El carbón fue un rollo peor porque estaba medio húmedo pero después de algunas sacudidas prendió. En fin, fue una comida bastante buena… aunque no estuvo libre de obstáculos. Raro que haya utilizado ese término hasta ahora.
Durante el tiempo que estaba preparando todo, los obstáculos no eran obstáculos para mí: solo eran cosas que tenía que hacer para comer rico. En ningún momento me descorazonaron, me desanimaron ni me hicieron pensar que no valía la pena seguir adelante.
Claro que unos taquitos siempre atraen más que estar las horas en la bicicleta para bajar un poco de peso, pero creo que entiendes mi punto.
Dicen que los obstáculos son cosas que vemos cuando quitamos la vista de nuestra meta. No podría estar más de acuerdo. Si estás viendo muchos obstáculos, tal vez perdiste de vista lo que realmente quieres o ya no lo quieres tanto.
De otra manera, solo son cosas que tienes que hacer…
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Uno de tantos propósitos de año nuevo que todavía están pendientes es el de bajar la panza.
Claro que he hecho algunas cosas y se han ido algunos centímetros (aunque algunos de ellos por 3 días de enfermedad que me tuvieron sin comer), pero no el plan estructurado que preparé en Enero.
¿La razón? Bueno, entra la flojera, el pulmón que casi se me sale después de un rato de bicicleta y el dolor de piernas después de una sesión larga, hay muchos otros obstáculos.
Uno de ellos es el tiempo. En las vacaciones no había mucho problema, pero desde que entraron a la escuela, entre llevarlos y traerlos no queda mucho espacio para sacudir un poco las piernas en la bicicleta.
Otro es el espacio. Con genta haciendo tarea y pasando a cada rato por donde está la bicicleta, las distracciones son constantes. ¿Cómo le hago para hacer mi ejercicio sin distracciones?
Bueno, podría poner más cosas pero el chiste es que, tantos obstáculos hacen que la cosa sea medio difícil.
Claro que los obstáculos son lo que hace todo mejor y que nosotros debemos brincar los obstáculos y todas esas ondas de la autoayuda, pero no vas a negar que muchos obstáculos despiertan nuestro antiguo instinto de postergación.
Los obstáculos son cosas que vemos cuando quitamos la vista de nuestras metas.
Pero bueno, el fin de semana queríamos asar carne y comer taquitos. Como fue una decisión espontánea, no había nada. Estaba medio mojado por la lluvia, así que tuve que limpiar y secar el asador y ponerlo bajo una lona que tenemos.
Como no había de las tortillas que nos gustan, fui temprano a la tortillería para agarrarlas todavía calientes y a comprar algunas cosas más. O sea, domingo a las 7 am… pero bueno, algún precio hay que pagar.
El carbón fue un rollo peor porque estaba medio húmedo pero después de algunas sacudidas prendió. En fin, fue una comida bastante buena… aunque no estuvo libre de obstáculos. Raro que haya utilizado ese término hasta ahora.
Durante el tiempo que estaba preparando todo, los obstáculos no eran obstáculos para mí: solo eran cosas que tenía que hacer para comer rico. En ningún momento me descorazonaron, me desanimaron ni me hicieron pensar que no valía la pena seguir adelante.
Claro que unos taquitos siempre atraen más que estar las horas en la bicicleta para bajar un poco de peso, pero creo que entiendes mi punto.
Dicen que los obstáculos son cosas que vemos cuando quitamos la vista de nuestra meta. No podría estar más de acuerdo. Si estás viendo muchos obstáculos, tal vez perdiste de vista lo que realmente quieres o ya no lo quieres tanto.
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lunes, 13 de agosto de 2012
Ciencia o superstición, ¿cuál te maneja más?
Se supone que hace mucho que dejamos nuestra condición de changos y nos convertimos en seres pensantes y racionales. Si no crees en la evolución, entonces Dios nos hizo ya pensantes y racionales. Independientemente de la opción que elijas (que he visto que es un eterno pleito en el que muchos se comportan como changos…), supuestamente ya tenemos ciencia y tecnología que nos puede sacar del oscurantismo.
Así que ya no nos corremos a esconder cuando empieza a llover (a menos que traigas un vestido de mil dólares o tu iPad sin cubierta), los truenos nada más nos espantan cuando estamos haciendo algo que no debemos y la única preocupación que nos dan los rayos es que se vaya la luz cuando están los jueces en American Idol.
Tenemos ciencia y tecnología, pero creemos en los fantasmas...
En los tiempos en que no había mucha ciencia todo nos daba miedo solo teníamos fantasmas y demonios para echarles la culpa. Lo bueno es que con la revolución de la ciencia y tecnología ahora podemos echarle la culpa a los OVNIs y al “ectoplasma”.
Vivimos en una época en que la ciencia y la tecnología han logrado avances que hace solo unos años parecerían milagrosos y, aún así, limitamos o exageramos las cosas con meras supersticiones.
Los nuevos edificios, grandes monumentos tecnológicos que se pierden entre las nubes y que pueden saber a qué hora vas al baño, no tienen piso 13. Tampoco los aviones, que ya prácticamente vuelan solos, tienen asiento 13.
Graciosamente, los autobuses sí tienen asiento 13. ¿Eso quiere decir que la gente con acceso a grandes edificios y aviones, que son los que también tienen acceso a la mejor educación, le tienen más miedo a una superstición que esos a quienes llaman la plebe?
Sin embargo, la dualidad de ciencia/superstición no es exclusiva de los snobs, ya que la gente con poca educación también es capaz de hacer cosas sin ningún sentido, como pagar hasta lo que no tienen a una bruja para que les haga un “amarre” o una “limpia” y creerla más a un curandero que a un médico, aunque las hierbas y el “trabajo” salgan más caros que las medicinas.
Así, gente con altas calificaciones y conocimientos niegan la existencia de los fantasmas pero nunca pasan debajo de una escalera, o afirman que Dios no existe pero se preocupan cuando se les atraviesa un gato negro.
¿Eres racional o te dejas llevar por supersticiones?
¿A ti cómo te va con la dualidad de raciocinio/superstición? Porque muchas personas que quieren mejorar su vida, con un nuevo trabajo, un negocio tradicional o uno por Internet, parecen detenerse ante la perspectiva de un cambio por cosas supersticiosas como “no tener el talento”, “tener mala suerte” o “el destino”.
Steve Jobs, uno de los empresarios más exitosos y carismáticos, terminó en el mismo lugar a donde vamos todos. Mucha gente piensa que todas esas personas son semidioses con poderes mágicos, pero en realidad son seres humanos comunes y corrientes.
La diferencia es que Steve Jobs no se detuvo con esas supersticiones. Abrazó el cambio, la creatividad y hasta el dinero. Muchas de sus ideas revolucionaron el mundo en que vivimos, pero también comía e iba al baño.
Tú tienes el potencial de llegar a muchos lugares, siempre y cuando utilices la cabeza en vez de… bueno, no sé exactamente qué órgano activa la superstición, el destino y todas esas cosas.
No sé exactamente qué pasa con los OVNIs (aunque unos tipos con tanta tecnología se aburrirían a morir viendo nuestros inventos), las curaciones magnéticas o el destino, pero sí sé que cuando puedes evaluar una oportunidad y crees que puedes hacerla, mejor aventarse a quedarse sin hacer nada.
Bueno, es a menos que creas que te van a secuestrar los extraterrestres por no cumplir con tu destino…
viernes, 27 de julio de 2012
Las cosas como deberían de ser...
Durante muchos años, gran cantidad de personas me han invitado a participar en negocios, oportunidades, inversiones, “franquicias” (Amway, Herbalife, etc.) y muchas otras cosas.
Algunos de sus argumentos son buenos, pero hay muchos que desde hace mucho dejé de escuchar: los que apelan a la lógica y las que ignoran la naturaleza humana.
Los seres humanos decimos que somos racionales. A fin de cuentas, evolucionamos (o nos evolucionaron, dependiendo de la hipótesis que aceptes) y somos más inteligentes que los changos y los demás animales.
Y, sin embargo, nos dejamos llevar por los mismos instintos animales que los meten en líos. Dicen que “el pez por su boca muere”, pero no he visto nada distinto en las personas.
Así que cuando alguien dice “es que es lógico que el negocio sea un éxito porque tiene esto o esto”, es hora de dar las gracias y huir. ¿No me crees? Bien, veamos:
Presumimos de seres racionales, pero actuamos contra toda lógicaPara cualquier persona de clase media, la lógica dicta que hay que comprar una minivan. Es pequeña, eficiente, tiene mucho espacio y es económica. Y sin embargo, quien puede comprar un vehículo, compra invariablemente una SUV, mientras más grande, mejor.
¿Por qué? ¿Qué nos lleva a comprar un vehículo caro, grande y poco práctico para quien vive en la ciudad? Porque no queremos que nos confundan con la señora que va a comprar verduras al mercado o lleva los niños al fútbol. Queremos que nos vean con poder.
En pocas palabras, la lógica bien gracias. ¿El negocio que te proponen se basa en que la gente sea lógica? Buena suerte con eso. He visto personas racionalizar la compra de un terreno en la luna y un disco que perteneció (dicen) a Michael Jackson.
Y peor aún, si me dicen que “son personas ayudándose a otras” o “son equipos que ven por el bienestar de todos”, casi me da risa.
Y no porque sea muy cínico, aunque algo hay de eso. La razón principal es que, típicamente, la gente no es como debería de ser. Si así fuera, nunca habría un auto estacionado en doble fila o en tu cochera, nadie se pasaría los semáforos en alto ni se metería en la cola de la caja.
No habría necesidad de bardas, alarmas ni policías y cuando dejaras una coca en el refri de la oficina, nadie se la robaría. Buena suerte con eso también.
Hay que planear para hacer las cosas como deberían de ser, pero hay que recordar siempre que éste mundo es éste mundo y que, nos guste o no, las cosas son como son.
Así que si tienes negocios u oportunidades que escoger, recuerda que la lógica no funciona y que este mundo es éste mundo.
Así te ahorrarás algunas decepciones.
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sábado, 23 de junio de 2012
El Peor Luchador Del Barrio
O, al menos, es el título que él mismo se daba. Llegó de pronto a un gimnasio de lucha libre (un deporte bastante serio aquí en México) y pagó un año completo de entrenamiento.
El instructor le dijo que no se veía muy joven, que estaba pasado de peso y que tal vez quisiera pensarlo un poco; tomar un par de meses de instrucción para ver cómo le iba.
La respuesta fue rápida y corta: “No gracias. ¿Dónde hago el pago?”.
Y así empezó el entrenamiento del autonombrado peor luchador del barrio. Era bueno que siempre trajera algunos billetes en el bolsillo para darle de propina al personal, ya que la primera semana tuvieron bastante trabajo limpiando vómito (causado probablemente por el agotamiento cuando empezaron), dandole masajes (que parecían sesiones de tortura debido a los músculos adoloridos) y hasta por cargar su maleta al automóvil, ya que apenas podía cargar su alma de regreso a casa (y eso que, según, el alma no pesa).
Tal vez no mencioné un pequeño detalle: todavía no había participado en ninguna lucha, ni siquiera de entrenamiento. Esto lo causaba el acondicionamiento físico básico.
Nadie se imaginaba qué sería cuando le tocara su primer “agarre” con alguno de los demás aprendices.
Con el tiempo, el peor luchador pudo llevar el entrenamiento sin problemas y comenzó a aprender a luchar. A pesar de que le echaba ganas, parecía que las llaves y las patadas voladoras no se le daban.
Antes de terminar el año había logrado dos cosas: aprendió las técnicas básicas de lucha que le enseñaron y logró el record como el aprendiz que no ganó una sola lucha, aunque en algunas ocasiones sus oponentes venían desvelados, crudos y hasta enfermos.
El entrenador le dijo que podía mejorar bastante el siguiente año, pero él dijo que su objetivo era aprender a luchar y lo había conseguido. No estaba en sus planes ser un luchador profesional o siquiera ser un buen luchador. Sin embargo, le agradecía todo lo que había hecho para conseguir convertirlo en luchador, aunque hubiera sido el peor estudiante.
Así como hay guitarristas que solo aprender a tocar algunas canciones, para él aprender lucha era una forma de ejercitarse y enfrentar un reto más.
Aunque no lo dijo en ese momento, el entrenador mencionó a los demás, una vez que el peor luchador se había marchado, que esa era la mentalidad del perdedor y que probablemente le iba igual en todos los aspectos de su vida.
En Navidad, llegó un regalo al gimnasio. Eran camisetas rojas de manga larga con el logotipo del gimnasio, unas nuevas cuerdas para el ring (“porque esas están tan viejas que te lastiman más que los luchadores”) y un nuevo teléfono (“porque el que tienes parece que te lo dio Graham Bell como muestra gratis cuando consiguió la patente”).
La tarjeta decía que era un obsequio del peor luchador del barrio y que agradecía todas las atenciones, la camaradería y hasta los golpes. Que si algún día necesitaban algo, que no dudaran en contactarlo y que regresaría en unos meses para “unas luchitas”.
Firmado: “Mr. X”, CEO, seguido por el logotipo de una importante empresa de tecnología. Multimillonaria, cabe mencionar.
Así que resultó que el tipo con la "mentalidad de perdedor" no solamente era el dueño de una importante empresa, sino que, además, era un millonario que sabía luchar. El entrenador se rió y dijo que podría ser malo, pero seguramente estaría pateando los traseros de sus amigos “catrines”.
"Alguien que puede caerse como él y aguantar tantos golpes es un tipo de cuidado", terminó diciendo y le llamó, desde el nuevo teléfono, para agradecer el regalo y decirle que todos aceptaban el reto, aunque la próxima vez llevara dinero.
El que alguien sea malo en algo no significa que es malo en todo. Si te has sentido que apestas y no sirves para nada porque no lograste aprobar un examen o conseguir un trabajo, no te dejes llevar por la mala actitud.
Tal vez te falta mejorar por medio del trabajo y la perseverancia, pero tal vez no estás todavía en donde debes estar. Algo para considerar con una par de cervezas…
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El instructor le dijo que no se veía muy joven, que estaba pasado de peso y que tal vez quisiera pensarlo un poco; tomar un par de meses de instrucción para ver cómo le iba.
La respuesta fue rápida y corta: “No gracias. ¿Dónde hago el pago?”.
Y así empezó el entrenamiento del autonombrado peor luchador del barrio. Era bueno que siempre trajera algunos billetes en el bolsillo para darle de propina al personal, ya que la primera semana tuvieron bastante trabajo limpiando vómito (causado probablemente por el agotamiento cuando empezaron), dandole masajes (que parecían sesiones de tortura debido a los músculos adoloridos) y hasta por cargar su maleta al automóvil, ya que apenas podía cargar su alma de regreso a casa (y eso que, según, el alma no pesa).
Tal vez no mencioné un pequeño detalle: todavía no había participado en ninguna lucha, ni siquiera de entrenamiento. Esto lo causaba el acondicionamiento físico básico.
Nadie se imaginaba qué sería cuando le tocara su primer “agarre” con alguno de los demás aprendices.
Con el tiempo, el peor luchador pudo llevar el entrenamiento sin problemas y comenzó a aprender a luchar. A pesar de que le echaba ganas, parecía que las llaves y las patadas voladoras no se le daban.
Antes de terminar el año había logrado dos cosas: aprendió las técnicas básicas de lucha que le enseñaron y logró el record como el aprendiz que no ganó una sola lucha, aunque en algunas ocasiones sus oponentes venían desvelados, crudos y hasta enfermos.
El entrenador le dijo que podía mejorar bastante el siguiente año, pero él dijo que su objetivo era aprender a luchar y lo había conseguido. No estaba en sus planes ser un luchador profesional o siquiera ser un buen luchador. Sin embargo, le agradecía todo lo que había hecho para conseguir convertirlo en luchador, aunque hubiera sido el peor estudiante.
Así como hay guitarristas que solo aprender a tocar algunas canciones, para él aprender lucha era una forma de ejercitarse y enfrentar un reto más.
Aunque no lo dijo en ese momento, el entrenador mencionó a los demás, una vez que el peor luchador se había marchado, que esa era la mentalidad del perdedor y que probablemente le iba igual en todos los aspectos de su vida.
En Navidad, llegó un regalo al gimnasio. Eran camisetas rojas de manga larga con el logotipo del gimnasio, unas nuevas cuerdas para el ring (“porque esas están tan viejas que te lastiman más que los luchadores”) y un nuevo teléfono (“porque el que tienes parece que te lo dio Graham Bell como muestra gratis cuando consiguió la patente”).
La tarjeta decía que era un obsequio del peor luchador del barrio y que agradecía todas las atenciones, la camaradería y hasta los golpes. Que si algún día necesitaban algo, que no dudaran en contactarlo y que regresaría en unos meses para “unas luchitas”.
Firmado: “Mr. X”, CEO, seguido por el logotipo de una importante empresa de tecnología. Multimillonaria, cabe mencionar.
Así que resultó que el tipo con la "mentalidad de perdedor" no solamente era el dueño de una importante empresa, sino que, además, era un millonario que sabía luchar. El entrenador se rió y dijo que podría ser malo, pero seguramente estaría pateando los traseros de sus amigos “catrines”.
"Alguien que puede caerse como él y aguantar tantos golpes es un tipo de cuidado", terminó diciendo y le llamó, desde el nuevo teléfono, para agradecer el regalo y decirle que todos aceptaban el reto, aunque la próxima vez llevara dinero.
El que alguien sea malo en algo no significa que es malo en todo. Si te has sentido que apestas y no sirves para nada porque no lograste aprobar un examen o conseguir un trabajo, no te dejes llevar por la mala actitud.
Tal vez te falta mejorar por medio del trabajo y la perseverancia, pero tal vez no estás todavía en donde debes estar. Algo para considerar con una par de cervezas…
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viernes, 22 de junio de 2012
Cuando los cambios no hacen la diferencia
Hace poco vi un documental de unas hormigas bien méndigas de la jungla. No solo eran feroces guerreras sino que también tenían una maña bastante mala: se robaban las larvas de las vencidas y las tenían trabajando como esclavas en el otro hormiguero.
O sea que hasta en los insectos hay esclavitud… Pero bueno, el punto no es ese, sino imaginar la vida de estas hormigas, trabajando sin parar, todo el día, todos los días, hasta su muerte, para alimentar y cuidar una reina y un hormiguero.
Pero espera, ¿no es lo que hacen todas las hormigas? ¿Qué hubiera pasado si se hubieran quedado en su hormiguero? Es fácil saberlo: se la hubieran pasado trabajando sin parar, todo el día, todos los días, hasta su muerte, bla, bla, bla.
En pocas palabras, que la reina sea roja o negra no hace ninguna diferencia. De todos modos pasarán su vida… bueno, ya sabes cómo la pasarán. Bueno, las hormigas no tienen muchas opciones, pero nosotros sí. ¿O no?
Como con las hormigas, a veces el cambio de patrón (o reina), de ubicación o de instalaciones realmente no tiene diferencia alguna con lo anterior. Durante años he visto cambiar gente de trabajo o carrera para terminar exactamente en lo mismo, aunque estén en otro lugar.
Para alguien que trabaja 40 horas por semana en una oficina realmente no hay diferencia entre un edificio en el centro o en las afueras o el color de la computadora.
Muchas veces queremos cambiar nuestra vida pero aunque hagamos cosas que parecieran drásticas, como cambiar de carrera o de ciudad, a veces no hay ninguna diferencia en el resultado.
Así como las hormigas, si vas a seguir haciendo lo mismo, ese “gran cambio” que pareces estar planeando puede ser solo una pérdida de tiempo y recursos.
En una ocasión un amigo recibió una oferta de trabajo de otra empresa. La oferta incluía cambiar de ciudad. La diferencia de sueldo no era mucha pero la perspectiva de “cambiar de aires” lo hizo decidirse.
Renunció a su anterior empleo, se mudó y empezó “su nueva vida” en otra ciudad. En un viaje que hice coincidimos en el aeropuerto y fuimos a tomar algo en lo que salían nuestros vuelos. En ese rato me comentó cómo le iba. Lo gracioso es que su rutina diaria parecía exactamente igual a la anterior y me dijo que “ya estaba aburrido” y que tal vez regresara.
Así que el gran cambio no había sido tan grande después de todo.
Si estás pensando en cambiar de vida, fíjate que lo que hagas realmente haga una diferencia en tu vida. A veces solo necesitas pensarlo un poco para ver que vas a terminar como las hormigas: haciendo lo mismo en otro lado.
Pero bueno, así son las cosas en éste mundo… a veces solo te queda probar.
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O sea que hasta en los insectos hay esclavitud… Pero bueno, el punto no es ese, sino imaginar la vida de estas hormigas, trabajando sin parar, todo el día, todos los días, hasta su muerte, para alimentar y cuidar una reina y un hormiguero.
Pero espera, ¿no es lo que hacen todas las hormigas? ¿Qué hubiera pasado si se hubieran quedado en su hormiguero? Es fácil saberlo: se la hubieran pasado trabajando sin parar, todo el día, todos los días, hasta su muerte, bla, bla, bla.
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Como con las hormigas, a veces el cambio de patrón (o reina), de ubicación o de instalaciones realmente no tiene diferencia alguna con lo anterior. Durante años he visto cambiar gente de trabajo o carrera para terminar exactamente en lo mismo, aunque estén en otro lugar.
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Muchas veces queremos cambiar nuestra vida pero aunque hagamos cosas que parecieran drásticas, como cambiar de carrera o de ciudad, a veces no hay ninguna diferencia en el resultado.
Así como las hormigas, si vas a seguir haciendo lo mismo, ese “gran cambio” que pareces estar planeando puede ser solo una pérdida de tiempo y recursos.
En una ocasión un amigo recibió una oferta de trabajo de otra empresa. La oferta incluía cambiar de ciudad. La diferencia de sueldo no era mucha pero la perspectiva de “cambiar de aires” lo hizo decidirse.
Renunció a su anterior empleo, se mudó y empezó “su nueva vida” en otra ciudad. En un viaje que hice coincidimos en el aeropuerto y fuimos a tomar algo en lo que salían nuestros vuelos. En ese rato me comentó cómo le iba. Lo gracioso es que su rutina diaria parecía exactamente igual a la anterior y me dijo que “ya estaba aburrido” y que tal vez regresara.
Así que el gran cambio no había sido tan grande después de todo.
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Pero bueno, así son las cosas en éste mundo… a veces solo te queda probar.
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martes, 5 de junio de 2012
Trucos que te juega tu mente
Hace varios años, cuando todavía era estudiante, llegó un tipo a la universidad para tomar un curso de verano. Como entré en el mismo curso nos conocimos, nos caímos bien y dedicamos el tiempo libre a varias actividades, entre ellas el fútbol.
A diferencia de mí, que no soy muy fan, éste chavo era realmente un apasionado del juego, tanto, que nos inscribió al torneo de verano que se hacía cada año entre los estudiantes.
Yo entré solo para llenar el mínimo necesario (no había muchos jugadores), pero de todos modos me quedaba a las prácticas y jugaba un poco.
Una de las prácticas que hacíamos era que uno se pusiera en la portería y el otro le tirara tiros penales para ver si los podía parar.
Empecé fallando la mayoría y recibiendo puros goles, pero para el fin del verano, ya era algo diferente; no voy a decir que un buen jugador, pero ya no daba tanta pena como antes.
Ayer tropecé con él en el aeropuerto y pasamos una buena hora poniéndonos al día. Durante la plática recordamos la portería y cómo pasé de ser “una coladera” a un pequeño reto y cómo después de fallar mil goles, terminé siendo un tirador bastante peligroso.
Ya en el avión recordé por qué fallaba tanto, ya sea para atajar o disparar: mi mentalidad. Sí, puede parecer aburrido que siempre termine diciendo que tu mente y actitud son las que hacen las cosas, pero pocas veces lo vi más marcado que en éste caso.
La portería que utilizábamos era exactamente la misma para los dos. Aunque él era más grande y corpulento que yo, la diferencia no era mucho, unos 5 centímetros de estatura y los brazos un poco más largos.
Y, aún así, cuando se ponía de portero se veía como un adversario realmente formidable. Era tan alto que su cabeza parecía salir por encima de la portería, y sus brazos tan largos que parecía que podía agarrar cada poste con las manos al mismo tiempo. “Wow”, me dije, “va a ser difícil meterle un gol a éste”… y así era. Yo estaba tan lejos y mis patadas eran tan débiles que parecía que le daba risa detener cada tiro que hacía.
Por otro lado, cuando yo me ponía de portero, parecía que la portería medía 100 metros y era tan alta que no podría alcanzarla ni con escalera. Además, éste tipo estaba tan cerca y tiraba tan fuerte que era imposible detener cualquiera de sus disparos… y así era.
¿Qué pasaba? Si la portería era exactamente la misma en cada cambio que hacíamos, ¿por qué parecía tan grande y pequeña a la vez? Si no te lo has imaginado ya, te lo digo: así la veía en mi mente.
Cuando me tocaba tirar la portería parecía pequeñita y éste tipo enorme porque ese era precisamente el reto: que no pudiera detener la pelota. Cuando yo estaba de portero veía la pelota muy cerca y la portería enorme porque ese era mi reto.
Al final del verano, llegué a ver la portería como realmente era: la misma cuando yo estaba tirando o de portero. No hicimos cambios, no crecí más en ese tiempo ni viajé a otra dimensión: simplemente mi mente aceptó que estaba viendo un truco de perspectiva.
Solo fue necesario un poco de práctica y sacudirme las telarañas mentales para poder las cosas como realmente eran.
¿Ves retos muy grandes o parecen inalcanzables? Si alguien más los puede hacer, es muy probable que tú también. Si las cosas se ven muy difíciles de tu lado y muy fáciles para el otro, lo más seguro es que estés ante un truco de tu mente. No te dejes llevar por él.
La práctica y la perseverancia harán que las cosas terminen por aparecer ante tus ojos como realmente son.
Busca oportunidades, aprende cómo utilizar Internet para hacer tus planes realidad. Visitanos aquí.
A diferencia de mí, que no soy muy fan, éste chavo era realmente un apasionado del juego, tanto, que nos inscribió al torneo de verano que se hacía cada año entre los estudiantes.
Yo entré solo para llenar el mínimo necesario (no había muchos jugadores), pero de todos modos me quedaba a las prácticas y jugaba un poco.
Una de las prácticas que hacíamos era que uno se pusiera en la portería y el otro le tirara tiros penales para ver si los podía parar.
Empecé fallando la mayoría y recibiendo puros goles, pero para el fin del verano, ya era algo diferente; no voy a decir que un buen jugador, pero ya no daba tanta pena como antes.
Ayer tropecé con él en el aeropuerto y pasamos una buena hora poniéndonos al día. Durante la plática recordamos la portería y cómo pasé de ser “una coladera” a un pequeño reto y cómo después de fallar mil goles, terminé siendo un tirador bastante peligroso.
Ya en el avión recordé por qué fallaba tanto, ya sea para atajar o disparar: mi mentalidad. Sí, puede parecer aburrido que siempre termine diciendo que tu mente y actitud son las que hacen las cosas, pero pocas veces lo vi más marcado que en éste caso.
La portería que utilizábamos era exactamente la misma para los dos. Aunque él era más grande y corpulento que yo, la diferencia no era mucho, unos 5 centímetros de estatura y los brazos un poco más largos.
Y, aún así, cuando se ponía de portero se veía como un adversario realmente formidable. Era tan alto que su cabeza parecía salir por encima de la portería, y sus brazos tan largos que parecía que podía agarrar cada poste con las manos al mismo tiempo. “Wow”, me dije, “va a ser difícil meterle un gol a éste”… y así era. Yo estaba tan lejos y mis patadas eran tan débiles que parecía que le daba risa detener cada tiro que hacía.
Por otro lado, cuando yo me ponía de portero, parecía que la portería medía 100 metros y era tan alta que no podría alcanzarla ni con escalera. Además, éste tipo estaba tan cerca y tiraba tan fuerte que era imposible detener cualquiera de sus disparos… y así era.
¿Qué pasaba? Si la portería era exactamente la misma en cada cambio que hacíamos, ¿por qué parecía tan grande y pequeña a la vez? Si no te lo has imaginado ya, te lo digo: así la veía en mi mente.
Cuando me tocaba tirar la portería parecía pequeñita y éste tipo enorme porque ese era precisamente el reto: que no pudiera detener la pelota. Cuando yo estaba de portero veía la pelota muy cerca y la portería enorme porque ese era mi reto.
Al final del verano, llegué a ver la portería como realmente era: la misma cuando yo estaba tirando o de portero. No hicimos cambios, no crecí más en ese tiempo ni viajé a otra dimensión: simplemente mi mente aceptó que estaba viendo un truco de perspectiva.
Solo fue necesario un poco de práctica y sacudirme las telarañas mentales para poder las cosas como realmente eran.
¿Ves retos muy grandes o parecen inalcanzables? Si alguien más los puede hacer, es muy probable que tú también. Si las cosas se ven muy difíciles de tu lado y muy fáciles para el otro, lo más seguro es que estés ante un truco de tu mente. No te dejes llevar por él.
La práctica y la perseverancia harán que las cosas terminen por aparecer ante tus ojos como realmente son.
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sábado, 26 de mayo de 2012
¿Por qué obsesionarse solo con lo negativo?
Hace tiempo conocí a una persona con una hermana bulímica. A pesar de que ya me habían comentado el problema, tuve que echar mano de todo mi autocontrol cuando la vi por primera vez. Sinceramente estaba tan impresionado que bien hubiera podido vomitar frente a ella (ahora que lo pienso, suena un poco raro...).
La bulimia es una condición grave que mata, directa o indirectamente, a mucha gente cada año, la gran mayoría jovencitas. Podría poner estadísticas, pero no se trata de eso cuando hablamos de actitud.
Aquí el punto no es el problema en sí, sino el increíble poder de sugestión que la mente tenía sobre esta chica. Ella vivía, a falta de una mejor descripción, fuera de esta realidad. Dentro de su cabeza existía un mundo en el que ella estaba gorda.
Cuando describía su físico en el espejo hablaba siempre de lo grueso de sus muslos, de su cintura ancha y de la grasa en su estómago, aunque prácticamente pudieras colgar un saco en sus caderas.
¿Cómo era posible que alguien pudiera ver algo tan increíble? Yo me puedo ver guapito frente al espejo, pero por más buena imagen de mí mismo que tenga voy a verme con los ojos azules y el pelo rubio como Brad Pitt.
La cosa es que, si alguien puede verse totalmente fuera de la realidad en un espejo, solo utilizando su mente, ¿por qué no poder hacer algo parecido para verte triunfando o logrando grandes cosas?
Porque si algo hay sobre esta tierra es gente que se ve negativamente en el espejo. Muy chaparra, muy alta, muy fea, muy bonita, muy pobre, ignorante, floja y cualquier cosa que te deje fuera de lo que realmente deseas.
Si esta chica podía verse gorda y dejar de comer hasta casi dejarse morir, ¿es tan descabellado pensar que puedes verte teniendo éxito y hacer las cosas hasta casi caer?
La mentalidad y actitud con la que ves las cosas puede ser tan real que hasta ves el mundo distinto. Por eso hay gente que baila bajo la lluvia, gente que sale a bailar aunque parezca que tenga dos pies izquierdos y personas en el Karaoke que realmente creen que se escuchan bien.
Cada uno de ellos ve su realidad distinta y actúa según lo que ve, aunque a veces tengas que taparte los oídos en el Karaoke. ¿Si ellos pueden hacerlo? ¿Por qué tú no?
Es muy triste penar que tenemos tanta fe en lo negativo y tan poca en lo positivo. ¿No?
Busca oportunidades: visita www.comoganardineroxinternet.com y descubre cómo aprovechar el medio más utilizado del mundo para crear tu propio negocio.
La bulimia es una condición grave que mata, directa o indirectamente, a mucha gente cada año, la gran mayoría jovencitas. Podría poner estadísticas, pero no se trata de eso cuando hablamos de actitud.
Aquí el punto no es el problema en sí, sino el increíble poder de sugestión que la mente tenía sobre esta chica. Ella vivía, a falta de una mejor descripción, fuera de esta realidad. Dentro de su cabeza existía un mundo en el que ella estaba gorda.
Cuando describía su físico en el espejo hablaba siempre de lo grueso de sus muslos, de su cintura ancha y de la grasa en su estómago, aunque prácticamente pudieras colgar un saco en sus caderas.
¿Cómo era posible que alguien pudiera ver algo tan increíble? Yo me puedo ver guapito frente al espejo, pero por más buena imagen de mí mismo que tenga voy a verme con los ojos azules y el pelo rubio como Brad Pitt.
La cosa es que, si alguien puede verse totalmente fuera de la realidad en un espejo, solo utilizando su mente, ¿por qué no poder hacer algo parecido para verte triunfando o logrando grandes cosas?
Porque si algo hay sobre esta tierra es gente que se ve negativamente en el espejo. Muy chaparra, muy alta, muy fea, muy bonita, muy pobre, ignorante, floja y cualquier cosa que te deje fuera de lo que realmente deseas.
Si esta chica podía verse gorda y dejar de comer hasta casi dejarse morir, ¿es tan descabellado pensar que puedes verte teniendo éxito y hacer las cosas hasta casi caer?
La mentalidad y actitud con la que ves las cosas puede ser tan real que hasta ves el mundo distinto. Por eso hay gente que baila bajo la lluvia, gente que sale a bailar aunque parezca que tenga dos pies izquierdos y personas en el Karaoke que realmente creen que se escuchan bien.
Cada uno de ellos ve su realidad distinta y actúa según lo que ve, aunque a veces tengas que taparte los oídos en el Karaoke. ¿Si ellos pueden hacerlo? ¿Por qué tú no?
Es muy triste penar que tenemos tanta fe en lo negativo y tan poca en lo positivo. ¿No?
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jueves, 17 de mayo de 2012
La famosa oportunidad perdida
Las oportunidades tienen la mala costumbre de no avisar cuando vienen y de no traer un letrero que diga si son buenas o malas. También nos han dicho que los problemas son oportunidades disfrazadas y que donde menos lo esperemos nos saltarán a la cara.
Y, lo más importante, cuando llegue la oportunidad, no la desperdicies.
Buen consejo… pero como muchos otros, llegó demasiado tarde para muchos de nosotros. Yo en lo particular he dejado pasar varias oportunidades de hacer dinero, de conseguir pareja (afortunadamente, porque no estaría con quien estoy ahora), de viajar, comer gratis y mil cosas más.
Cuando han pasado y las recuerdo no puedo evitar darme un pellizco por haber sido tan miope, pero ya no queda remedio: a fin de cuentas, siempre vienen otras.
Porque, aunque a veces pienses que no, las oportunidades perdidas son simplemente eso: oportunidades perdidas. No existe eso de que la “oportunidad solo se presenta una vez en la vida”.
Si estás poniéndote en el camino de las oportunidades, eventualmente te va a tocar la tuya. Yo siempre esperé una oportunidad en el mundo corporativo e hice lo posible por que no me dejaran pasar en promociones, cambios de equipos, nuevas áreas y demás.
Sin embargo, como en muchas otras cosas, la ley de los imprevistos se presentó y me quedé un día buscado trabajo en otro lado. Mala suerte.
Me podría pasar horas comentando acerca de las mil oportunidades que se me fueron, pero me gusta más pensar en las que no dejé ir, como la de hacer un negocio en Internet. Me cayó por casualidad y con el tiempo le fui agarrando gusto y facilidad.
¡Qué diferencia el trabajar en mi casa, con mis propias reglas y no estar a la merced de lo que piense otra persona! Y pensar que nunca esperé esto ni lo quise: yo quería destacar en mi trabajo y llegar a ser un empleado estrella.
Ahora, gracias a la famosa “oportunidad perdida”, soy independiente y hago lo que siempre he querido. Claro que a veces es más trabajo y siempre estoy vulnerable a que algún servicio cambie las cosas, pero prefiero mil veces esto que lo que tenía.
Si se te fue la “oportunidad de tu vida” no te preocupes. Eventualmente volverá, si es que realmente es lo que estás buscando, y no porque exista el karma o alguna cosa de esas sino que te pondrás en su camino siempre.
Y si no se te presente, te aseguro que otras le seguirán. Afortunadamente no hay un contador de oportunidades y éstas siempre estarán saliéndote al paso; solo es cuestión de mirar un poco más cerca.
domingo, 13 de mayo de 2012
La lente con la que ves
Abundan los escépticos que aseguran que el pensamiento positivo, las afirmaciones diarias y la actitud no cuentan para muchas cosas. De hecho, la gran mayoría de la gente considera a los positivos como freaks, en el mejor de los casos, y como lavados del cerebro en los peorcitos.
No voy a negar que durante muchos años seguí esta misma tendencia y todavía soy escéptico para muchas cosas, pero la actitud y el cambio de mentalidad han demostrado, una y otra vez, que pueden afectar cualquier resultado.
Hace muchos años, en un torneo mundial de artes marciales, uno de los concursantes estaba a punto de llegar a la final. Cuando estaba preparándose para el último combate, el entrenador contrario le dijo “¿Para qué vas a ganar? Ni bandera traen…”, refiriéndose a que no estaba la bandera de México entre las que podían poner en el asta, ya que la delegación no la llevaba.
Su entrenador fue a preguntar y resultó que efectivamente, no habían llevado la bandera. Tal vez pensaron que no había manera de que alguno llegara a la final. El impacto psicológico fue tal que perdió miserablemente el combate, a pesar de su brillante actuación durante todo el torneo.
Si piensas que el otro le ganó porque era mejor, no fue así. Lo había vencido fácilmente en torneos anteriores y pasó a vencerlo fácilmente en torneos posteriores. No se enfermó ni se lastimó ni se “enfrió”: simplemente perdió su actitud ganadora.
En otra ocasión estábamos viendo un documental de cosas raras y apareció una mujer llena de piercings y tatuajes que la hacían irreconocible y, para mi gusto, bastante grotesca. Sin embargo, uno de nuestros compañeros dijo que “admiraba el arte que llevaba en su cuerpo”. "¿Pues qué no estamos viendo la misma cosa?", me pregunté…
En un partido de fútbol, cerca de la línea de meta, el portero salió y prácticamente tiró al jugador para que no anotara el gol. Yo, como el observador más objetivo (no le iba a ningún equipo ni soy tan fan del fútbol), pude ver que, aunque la jugada estaba muy cerrada, en la repetición se veía que las manos del portero iban más a la pierna del jugador que a la pelota, mostrando una intención de tirarlo.
Los dos fans contrarios, sin embargo, decían a gritos y con la cara roja, que “se veía que era una jugada limpia” y “ese mendigo portero ni tocó la pelota”, respectivamente.
“¿Pues qué no estamos viendo lo mismo?”, me volví a preguntar…
Tú visión de la realidad no está en tus ojos, está en tu mente. Así, un científico verá una aurora boreal como un hecho maravilloso por las fuerzas físicas y magnéticas que lo forman, un religioso dirá que es un milagro del creador y un nini ni siquiera levantará la vista de su celular.
Tu actitud puede cambiar la forma en que ves el mundo y lo puede hacer en segundos, como el karateca que perdió ese torneo (pero ganó muchos más, por cierto) o puede estar dentro de ti hasta la muerte, como los fans del fútbol.
La buena noticia es que solo tú tienes el control sobre eso. Aprender a manejar tu mente es la mejor manera de cambiar la forma en que ves el mundo y puede llegar a ser la única diferencia entre el fracaso y el éxito para ti.
Busca oportunidades, aprende cómo ganar dinero en Internet y empieza a cambiar tu vida. A fin de cuentas solo tienes una y la manera en cómo la ves puede hacer la diferencia. ¿A poco hay algo más barato que cambiar la mentalidad?
No voy a negar que durante muchos años seguí esta misma tendencia y todavía soy escéptico para muchas cosas, pero la actitud y el cambio de mentalidad han demostrado, una y otra vez, que pueden afectar cualquier resultado.
Hace muchos años, en un torneo mundial de artes marciales, uno de los concursantes estaba a punto de llegar a la final. Cuando estaba preparándose para el último combate, el entrenador contrario le dijo “¿Para qué vas a ganar? Ni bandera traen…”, refiriéndose a que no estaba la bandera de México entre las que podían poner en el asta, ya que la delegación no la llevaba.
Su entrenador fue a preguntar y resultó que efectivamente, no habían llevado la bandera. Tal vez pensaron que no había manera de que alguno llegara a la final. El impacto psicológico fue tal que perdió miserablemente el combate, a pesar de su brillante actuación durante todo el torneo.
Si piensas que el otro le ganó porque era mejor, no fue así. Lo había vencido fácilmente en torneos anteriores y pasó a vencerlo fácilmente en torneos posteriores. No se enfermó ni se lastimó ni se “enfrió”: simplemente perdió su actitud ganadora.
En otra ocasión estábamos viendo un documental de cosas raras y apareció una mujer llena de piercings y tatuajes que la hacían irreconocible y, para mi gusto, bastante grotesca. Sin embargo, uno de nuestros compañeros dijo que “admiraba el arte que llevaba en su cuerpo”. "¿Pues qué no estamos viendo la misma cosa?", me pregunté…
En un partido de fútbol, cerca de la línea de meta, el portero salió y prácticamente tiró al jugador para que no anotara el gol. Yo, como el observador más objetivo (no le iba a ningún equipo ni soy tan fan del fútbol), pude ver que, aunque la jugada estaba muy cerrada, en la repetición se veía que las manos del portero iban más a la pierna del jugador que a la pelota, mostrando una intención de tirarlo.
Los dos fans contrarios, sin embargo, decían a gritos y con la cara roja, que “se veía que era una jugada limpia” y “ese mendigo portero ni tocó la pelota”, respectivamente.
“¿Pues qué no estamos viendo lo mismo?”, me volví a preguntar…
Tú visión de la realidad no está en tus ojos, está en tu mente. Así, un científico verá una aurora boreal como un hecho maravilloso por las fuerzas físicas y magnéticas que lo forman, un religioso dirá que es un milagro del creador y un nini ni siquiera levantará la vista de su celular.
Tu actitud puede cambiar la forma en que ves el mundo y lo puede hacer en segundos, como el karateca que perdió ese torneo (pero ganó muchos más, por cierto) o puede estar dentro de ti hasta la muerte, como los fans del fútbol.
La buena noticia es que solo tú tienes el control sobre eso. Aprender a manejar tu mente es la mejor manera de cambiar la forma en que ves el mundo y puede llegar a ser la única diferencia entre el fracaso y el éxito para ti.
lunes, 7 de mayo de 2012
Empieza tu día como niño
Hace tiempo vi una encuesta acerca de cómo empezar bien el día. Había muchas propuestas de muchas cosas, desde despertar con un beso del ser amado o con una vista directa a un fajo de billetes.
Cada quién ponía cosas que hasta daban risa, pero había una en particular que me llamó la atención: empezar el día como un niño.
Los niños tienen esa particularidad de hacernos pensar aunque sea lo último que tengan en mente. Lo sé porque, como padre, siempre he podido aprender cosas de mis hijos, aunque sus lecciones siempre vengan disfrazadas de travesuras o intentos de conseguir más dulces.
¿Por qué empezar como niño? Porque, aparentemente, los niños tienen la manera de olvidar lo que pasó el día de ayer y poder esperar muchas cosas del mañana. ¿Cómo se explica que mis hijos, después de pelearse con sus amigos por alguna tontería, llorar y decir que ya no son sus amigos, al otro día olviden todo, se contenten y quieran salir a jugar con ellos?
Todos los días nos levantamos con las malas sensaciones del día anterior y lo primero que nos viene a la mente son las cosas malas que nos esperan en el nuevo día. Deudas, pleitos con compañeros, vecinos, policías y parejas, mala economía, trabajo que no nos gusta… las cosas pueden ser tantas que me sorprende cómo podemos tomarlas tan a la ligera.
Los niños no. Se levantan con flojera por ir a la escuela o porque quieren salir al zoológico, pero todo parece tener miles de oportunidades. El día es largo y las posibilidades son cada vez más interesantes para quien tiene los ojos abiertos.
Es una lástima que parecemos preferir cerrar los ojos a nuestro alrededor y abrirlos a nuestros problemas pasados, presentes y futuros. ¿Qué nunca vamos a dejar descansar a nuestra mente?
Porque también necesita vacaciones…
Busca oportunidades, aprende cómo ganar dinero por Internet y aprovecha lo que el día tiene para ti.
Cada quién ponía cosas que hasta daban risa, pero había una en particular que me llamó la atención: empezar el día como un niño.
Los niños tienen esa particularidad de hacernos pensar aunque sea lo último que tengan en mente. Lo sé porque, como padre, siempre he podido aprender cosas de mis hijos, aunque sus lecciones siempre vengan disfrazadas de travesuras o intentos de conseguir más dulces.
¿Por qué empezar como niño? Porque, aparentemente, los niños tienen la manera de olvidar lo que pasó el día de ayer y poder esperar muchas cosas del mañana. ¿Cómo se explica que mis hijos, después de pelearse con sus amigos por alguna tontería, llorar y decir que ya no son sus amigos, al otro día olviden todo, se contenten y quieran salir a jugar con ellos?
Todos los días nos levantamos con las malas sensaciones del día anterior y lo primero que nos viene a la mente son las cosas malas que nos esperan en el nuevo día. Deudas, pleitos con compañeros, vecinos, policías y parejas, mala economía, trabajo que no nos gusta… las cosas pueden ser tantas que me sorprende cómo podemos tomarlas tan a la ligera.
Los niños no. Se levantan con flojera por ir a la escuela o porque quieren salir al zoológico, pero todo parece tener miles de oportunidades. El día es largo y las posibilidades son cada vez más interesantes para quien tiene los ojos abiertos.
Es una lástima que parecemos preferir cerrar los ojos a nuestro alrededor y abrirlos a nuestros problemas pasados, presentes y futuros. ¿Qué nunca vamos a dejar descansar a nuestra mente?
Porque también necesita vacaciones…
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jueves, 22 de marzo de 2012
La influencia de tu entorno
Aunque no nos guste aceptarlo, nuestro comportamiento, nuestras metas y hasta nuestros gustos están dictados por lo que vemos y hemos vivido toda nuestra vida.
Desde hace mucho se ha comprobado que nacemos prácticamente sin gustos. Hasta lo que comemos viene de lo que nos enseña nuestro entorno, especialmente la sociedad en la que vivimos.
¿Por qué hay quienes se vomitan con ver insectos y otros que los consideran un manjar? Y no estoy hablando de un país pobre que no tiene que comer; los franceses comen caracoles y los pagan muy bien, mientras que aquí en México solo son plaga.
Tu comportamiento, te guste o no, lo aceptes o no, está dictado por lo que has aprendido durante años y lo que ves todos los días.
Por un lado no tiene nada de malo. Cuando nos acoplamos a nuestro entorno social podemos tener nuestro lugar, pasarla bien y hasta prosperar, pero hay cosas que simplemente son obstáculos para quien quiere hacer algo diferente.
¿Te preguntas por qué hay algunas personas que logran cosas más importantes que tú? Tal vez tengas que ver qué es lo que influye en ti.
Probablemente no has pensado en qué es lo que define tu comportamiento. Por ejemplo, mucha gente quiere que su hijo sea doctor. Un doctor se asocia con nobleza, conocimiento, estatus social y mucho dinero. Como tal vez te imagines, eso no es la realidad. Hay doctores tranzas, sin muchos conocimientos, que nadie quiere y que son pobres.
Hasta en cosas tan simples como el equipo de fútbol al que le vas está dictado por el lugar en donde creciste, tu familia y los amigos con los que te juntas.
Así que si no estás ganando lo que quieres, si tu vida no va por el curso que querías y si crees que es muy difícil salir del lugar al que parece que te destinaron, fíjate en tu entorno. ¿Todos los demás son así? ¿Todos piensan igual? ¿Todos están en la misma situación?
Si es así, entonces es hora de que te muevas. Si los demás quieren quedarse donde están, bien por ellos. Te perderás de algunas fiestas o no irás al bar todos los viernes pero podrás hacer algo adicional que siempre has deseado o empezar a ganar dinero extra o aprender nuevas cosas.
Si te dejas influenciar por el entorno, terminarás pensando como el entorno y no siempre es lo mejor. Siempre tenemos la capacidad de decidir. Solo es cuestión de qué decidas.
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martes, 28 de febrero de 2012
¿Te levantas creyendo en la vida?
Aunque cada ser humano tiene mil circunstancias que no podemos criticar o juzgar, nunca he podido entender a la gente que atenta contra su vida.
Hay algunos casos, como en enfermedades terminales, que se puede entender: ¿dos semanas de agonía o una salida rápida? Creo que la alternativa se ve atractiva…
Pero, ¿qué pasa con personas que “no pueden vivir más” por perder su pareja o porque nadie los quiere?
La desesperación o la intoxicación son malas consejeras, pero hay gente que piensa bien y planea su “salida” con mucho tiempo.
Probablemente lo más valioso que tendremos es la vida. El amor, la amistad y todas esas cosas son posibles gracias a la vida y no al revés.
¿Por qué si alguien puede pensar y racionalizar perder lo más valioso que tiene, no puede hacer lo mismo para salir de la espiral de depresión, rechazo o lo que sea que sufre?
Si empiezas a levantarte pensando en todo lo que sufres, no me sorprendería que todo lo vieras negro.
Todos los días pueden ser buenos o malos; no hay manera de saberlo si no les damos la oportunidad.
Prefiero creer en la vida. Las cosas siempre tendrán broncas pero está en tus manos y en tu mente salir adelante. Si hay quienes pueden hasta perder la vida porque la cabeza se los dice, ¿por qué no también lograr el éxito?
La decisión y la responsabilidad es de cada quién. Mejor pensar positivamente. A fin de cuentas, solo tienes una vida y mejor vivirla lo mejor posible. Ya habrá tiempo para estar deprimidos…
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Hay algunos casos, como en enfermedades terminales, que se puede entender: ¿dos semanas de agonía o una salida rápida? Creo que la alternativa se ve atractiva…
Pero, ¿qué pasa con personas que “no pueden vivir más” por perder su pareja o porque nadie los quiere?
La desesperación o la intoxicación son malas consejeras, pero hay gente que piensa bien y planea su “salida” con mucho tiempo.
Probablemente lo más valioso que tendremos es la vida. El amor, la amistad y todas esas cosas son posibles gracias a la vida y no al revés.
¿Por qué si alguien puede pensar y racionalizar perder lo más valioso que tiene, no puede hacer lo mismo para salir de la espiral de depresión, rechazo o lo que sea que sufre?
Si empiezas a levantarte pensando en todo lo que sufres, no me sorprendería que todo lo vieras negro.
Todos los días pueden ser buenos o malos; no hay manera de saberlo si no les damos la oportunidad.
Prefiero creer en la vida. Las cosas siempre tendrán broncas pero está en tus manos y en tu mente salir adelante. Si hay quienes pueden hasta perder la vida porque la cabeza se los dice, ¿por qué no también lograr el éxito?
La decisión y la responsabilidad es de cada quién. Mejor pensar positivamente. A fin de cuentas, solo tienes una vida y mejor vivirla lo mejor posible. Ya habrá tiempo para estar deprimidos…
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lunes, 20 de febrero de 2012
No solo es por dinero
“Con dinero baila el perro”, dice el viejo y conocido refrán y es fácil ver porque. La gran mayoría de nosotros trabajamos, en mayor o menos medida, para hacer dinero. Claro que está la cosa de que te guste lo que haces, pero el asunto económico difícilmente lo puedes poner de lado.
El dinero realmente no lo es todo. ¿Cuánto habría que pagarte para que arriesgaras tu vida? Supongo que la cantidad debería ser muy fuerte para que lo consideraras y, aún así, le pensarías dos veces.
Sin embargo los bomberos, paramédicos y rescatistas lo hacen todos los días y no son precisamente los mejor pagados.
Mucha gente arriesga su vida y gasta mucho dinero para escalar, aventarse en paracaídas, ir a África a ayudar a los niños… Las razones pueden ser muchas pero van más allá del dinero.
El dinero puede lograr algunas cosas, pero la motivación interna es lo que hace que una persona realmente sobresalga, no importando sus circunstancias.
¿Qué es lo que te mueve? Si vas a trabajar solo porque necesitas dinero, entonces no es sorpresa que tengas que poner alarma y esperes con ansias los fines de semana.
En estos tiempos es difícil encontrar otro trabajo y hay que agradecer que no estés en la situación de millones de personas que están desempleadas, pero piensa que consecuencias tendrá en tu vida.
Date un tiempo para pensar si realmente quieres estar todos los días a la misma hora en el mismo lugar solo porque necesitas dinero.
Tal vez los que hacen cosas extremas lo hacen para olvidar, por un momento, la vida que llevan. Tal vez por eso se vende tanta cerveza los fines de semana y el fútbol es necesario para pensar en otra cosa.
Como dicen por ahí, “el trabajo es tan feo que hasta te pagan por hacerlo”. No precisamente la mejor actitud.
Si no te gusta lo que haces, tómate el tiempo para buscar otras opciones. El tiempo sigue corriendo y no sabes cuándo será demasiado tarde.
Busca oportunidades, aprende como ganar dinero en Internet
El dinero realmente no lo es todo. ¿Cuánto habría que pagarte para que arriesgaras tu vida? Supongo que la cantidad debería ser muy fuerte para que lo consideraras y, aún así, le pensarías dos veces.
Sin embargo los bomberos, paramédicos y rescatistas lo hacen todos los días y no son precisamente los mejor pagados.
Mucha gente arriesga su vida y gasta mucho dinero para escalar, aventarse en paracaídas, ir a África a ayudar a los niños… Las razones pueden ser muchas pero van más allá del dinero.
El dinero puede lograr algunas cosas, pero la motivación interna es lo que hace que una persona realmente sobresalga, no importando sus circunstancias.
¿Qué es lo que te mueve? Si vas a trabajar solo porque necesitas dinero, entonces no es sorpresa que tengas que poner alarma y esperes con ansias los fines de semana.
En estos tiempos es difícil encontrar otro trabajo y hay que agradecer que no estés en la situación de millones de personas que están desempleadas, pero piensa que consecuencias tendrá en tu vida.
Date un tiempo para pensar si realmente quieres estar todos los días a la misma hora en el mismo lugar solo porque necesitas dinero.
Tal vez los que hacen cosas extremas lo hacen para olvidar, por un momento, la vida que llevan. Tal vez por eso se vende tanta cerveza los fines de semana y el fútbol es necesario para pensar en otra cosa.
Como dicen por ahí, “el trabajo es tan feo que hasta te pagan por hacerlo”. No precisamente la mejor actitud.
Si no te gusta lo que haces, tómate el tiempo para buscar otras opciones. El tiempo sigue corriendo y no sabes cuándo será demasiado tarde.
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miércoles, 15 de febrero de 2012
También tú tienes que ganar
Algo que nos enseñan en la escuela, en la casa, en la iglesia y casi en todos lados es que debemos ser comprensivos, tolerantes y ceder para vivir en armonía.
Éste es un gran consejo porque nos permite estar mejor con los demás; vivimos en una sociedad, ¿no?
El problema con éste consejo es que, por desgracia, mucha gente se aprovecha. Durante mucho tiempo fui complaciente con muchas personas, especialmente con mujeres.
Después ya me fui cansando y llegué a la conclusión de que también yo tengo derecho a que los demás cedan y sean tolerantes. Se supone que es ganar-ganar, ¿no?
A algunos nos gusta evitar el conflicto, mientras que hay personas que parecen buscarlo. Eso ya es cuestión de carácter, pero si quieres salir adelante hay que “agarrar el toro por los cuernos” y buscar lo que queremos.
Todos podemos cooperar y ser mejores vecinos, pero también hay que darse cuenta de que hay cosas que solo se consiguen compitiendo con los demás.
Puestos de trabajo, parejas o lugares de estacionamiento, hay casos en que, nos guste o no, “el otro” tiene que perder para que tú ganes.
Ceder es bueno de vez en cuando para vivir en armonía, pero tampoco tienes por que mostrar siempre una actitud de sumisión ante los demás.
Eventualmente vas a tener que salir a pelear por lo que quieres porque alguien también lo quiere.
Tal vez algún día dejemos la avaricia, el engaño y la arrogancia, pero mientras hay que seguir con lo que tenemos. Si hay que salir raspados para conseguir lo que queremos, pues es parte del precio que hay que pagar por lograr tus metas.
A fin de cuentas, vale la pena que des pelea por ellas. Es eso o siempre bajar la cabeza…
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Éste es un gran consejo porque nos permite estar mejor con los demás; vivimos en una sociedad, ¿no?
El problema con éste consejo es que, por desgracia, mucha gente se aprovecha. Durante mucho tiempo fui complaciente con muchas personas, especialmente con mujeres.
Después ya me fui cansando y llegué a la conclusión de que también yo tengo derecho a que los demás cedan y sean tolerantes. Se supone que es ganar-ganar, ¿no?
A algunos nos gusta evitar el conflicto, mientras que hay personas que parecen buscarlo. Eso ya es cuestión de carácter, pero si quieres salir adelante hay que “agarrar el toro por los cuernos” y buscar lo que queremos.
Todos podemos cooperar y ser mejores vecinos, pero también hay que darse cuenta de que hay cosas que solo se consiguen compitiendo con los demás.
Puestos de trabajo, parejas o lugares de estacionamiento, hay casos en que, nos guste o no, “el otro” tiene que perder para que tú ganes.
Ceder es bueno de vez en cuando para vivir en armonía, pero tampoco tienes por que mostrar siempre una actitud de sumisión ante los demás.
Eventualmente vas a tener que salir a pelear por lo que quieres porque alguien también lo quiere.
Tal vez algún día dejemos la avaricia, el engaño y la arrogancia, pero mientras hay que seguir con lo que tenemos. Si hay que salir raspados para conseguir lo que queremos, pues es parte del precio que hay que pagar por lograr tus metas.
A fin de cuentas, vale la pena que des pelea por ellas. Es eso o siempre bajar la cabeza…
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sábado, 11 de febrero de 2012
No hagas el conflicto algo personal
Una de las cosas que tenemos los humanos es que le damos personalidad a todo. Por ejemplo, en el reino de los animales, se ha generalizado la idea de que el león es “el bueno” y las hienas “las malas”. Algo tienen que agradecerle a la película "El Rey León".
En la realidad es que ambos hacen cosas bastante feítas para nuestro gusto, pero es la naturaleza.
¿Por qué entonces nuestra actitud hacia el león es tan distinta a la de las hienas?
Porque le damos personalidad.
Esto puede ser inofensivo en algunos aspectos pero muchas veces se convierte en un problema bastante grande.
La primera vez que me liquidaron de un trabajo, quedé con un gran resentimiento hacia el dueño, que fue el que me despidió.
Aunque encontré trabajo rápido, cada que pensaba en él se me revolvía el estómago y tenía muchas fantasías de venganza.
Pasó algo de tiempo para que se me pasara, pero conforme fui madurando me di cuenta de que en realidad no había nada personal en el asunto.
Conforme pasaron los años me liquidaron de varias empresas por cuestiones de crisis (algo bastante común en éste país) y para entonces ya había madurado lo suficiente como para no tomarlo personal.
Algunos de esos todavía son mis amigos y nos vemos de vez en cuando. Entendí que cuando me liquidaron lo hicieron porque no había dinero, no por razones personales.
Claro que también me han tocado mis jefes y compañeros de trabajo mendigos que hacen cosas con toda la intención de dañarme, ya sea por dinero, ego o alguna otra ventaja, pero he aprendido a identificarlos.
Si eres de las personas que se la pasa masticando rencores, es hora de que empieces a evaluar un poco tu actitud.
Si alguien te hizo algo a la mala, tienes razón en enojarte, pero no hagas personal algo que no lo es.
Un agente de tránsito no te pone una multa porque te odie, lo hace porque para eso le pagan.
El auditor que llega a hacerte una auditoría tampoco es tu enemigo que estuvo maquinando toda la vida la forma de dañarte, solo hace lo que le toca hacer.
Hacer personales los conflictos diarios es una forma excelente de llegar a la locura. Somos muchos y las ciudades tienen recursos limitados.
Todos competimos por cosas, tan grandes como una casa y tan tontas como un espacio de estacionamiento. El problema es que mucha gente se lo toma personal, como si los demás hubieran nacido solo para molestarlos.
Puede ser que algunos, pero no todos. Si hay algo personal, creo que será fácil identificarlo. Si no, déjalo ir… conflictos habrá siempre; la cosa es que no nos afecten.
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viernes, 10 de febrero de 2012
Mejora tu actitud respirando
Cuando alguien está a punto de perder el control, es común que le digan “respira profundo para que te calmes”.
Respirar es algo tan sencillo que ni siquiera pensamos en ello. Como se nos olvidan muchas cosas, el cuerpo programó la respiración para que sea una función vegetativa, o sea, que no podamos apagarla.
No sé si se pueda, pero al menos yo no conozco una sola persona que, conscientemente, se haya ahogado sola dejando de respirar.
Si quieres inténtalo; no importa que tanto aguantes la respiración, cuando ya no puedas más tu cuerpo de obligará a respirar profundo.
Por desgracia, lo que sí nos puede pasar es que, con nuestros cambios de ánimo, nuestra respiración no sea tan efectiva.
Cuando te enojas empiezas a respirar agitadamente y ruidosamente: nada bueno para la oxigenación del cuerpo.
Esto causa que dejemos de funcionar como deberíamos.
Así que si sientes que estás perdiendo el control, detente un momento y respira profunda y conscientemente. Deja que tus pulmones se llenen y que tu cuerpo haga lo suyo.
Al respirar profundamente tu cuerpo se llenará de oxígeno y tu cerebro pensará con mayor claridad. Es tu forma de calmarte sin necesidad de drogas, café, cigarrillos o un trago.
Y lo mejor de todo, ¡es gratis! Además, lo puedes hacer donde sea, cuando se y con quién sea y nadie se va a sorprender. A fin de cuentas se espera que respires siempre.
Si quieres mejorar tu actitud, sentirte mejor y encarar los problemas con mejor ánimo, aprende a respirar. Una función básica de tu cuerpo que no solo te mantiene con vida pero puede mejorártela cuando más lo necesitas.
No importa que no te enojes o no estés en problemas: de todos modos detente de vez en cuando a respirar conscientemente. Observa tu respiración y siente cómo te mejora. No necesitas estar las horas, solo con un minuto es suficiente (y no te aburres).
Además del gran poder de la mente, utilizar las cosas simples como respirar. A fin de cuentas, las cosas simples son las que siempre funcionan.
Respirar es algo tan sencillo que ni siquiera pensamos en ello. Como se nos olvidan muchas cosas, el cuerpo programó la respiración para que sea una función vegetativa, o sea, que no podamos apagarla.
No sé si se pueda, pero al menos yo no conozco una sola persona que, conscientemente, se haya ahogado sola dejando de respirar.
Si quieres inténtalo; no importa que tanto aguantes la respiración, cuando ya no puedas más tu cuerpo de obligará a respirar profundo.
Por desgracia, lo que sí nos puede pasar es que, con nuestros cambios de ánimo, nuestra respiración no sea tan efectiva.
Cuando te enojas empiezas a respirar agitadamente y ruidosamente: nada bueno para la oxigenación del cuerpo.
Esto causa que dejemos de funcionar como deberíamos.
Así que si sientes que estás perdiendo el control, detente un momento y respira profunda y conscientemente. Deja que tus pulmones se llenen y que tu cuerpo haga lo suyo.
Al respirar profundamente tu cuerpo se llenará de oxígeno y tu cerebro pensará con mayor claridad. Es tu forma de calmarte sin necesidad de drogas, café, cigarrillos o un trago.
Y lo mejor de todo, ¡es gratis! Además, lo puedes hacer donde sea, cuando se y con quién sea y nadie se va a sorprender. A fin de cuentas se espera que respires siempre.
Si quieres mejorar tu actitud, sentirte mejor y encarar los problemas con mejor ánimo, aprende a respirar. Una función básica de tu cuerpo que no solo te mantiene con vida pero puede mejorártela cuando más lo necesitas.
No importa que no te enojes o no estés en problemas: de todos modos detente de vez en cuando a respirar conscientemente. Observa tu respiración y siente cómo te mejora. No necesitas estar las horas, solo con un minuto es suficiente (y no te aburres).
Además del gran poder de la mente, utilizar las cosas simples como respirar. A fin de cuentas, las cosas simples son las que siempre funcionan.
lunes, 6 de febrero de 2012
No todos somos iguales
Cuando se trata de actitudes, todos somos muy distintos. A veces no importa qué actitud tengas: los demás parecen ponerse de acuerdo para estar en tu contra.
Aunque eso es parte del juego, a veces simplemente olvidamos que, nos guste o no, somos parte de una sociedad y no todos tenemos las mismas ideas.
Así, una ardilla puede ser una fuente de gérmenes para un hipocondriaco o una muestra de diversidad para un ecológico.
La manera en que las personas toman las cosas varía de acuerdo a su propia escala de valores y más vale que tengamos una actitud abierta a la diversidad.
Si tú un día no saludas a tres personas una de ellas puede tomarlo como un insulto, otra como un desaire y la tercera ni siquiera se dará cuenta.
La falta de empatía hacia los demás puede generar muchos problemas.
Hace años tenía 3 clientes. Uno de ellos decía que yo era el mejor que lo había atendido, otro decía que era aceptable y el último decía que yo no servía para nada.
¿Lo interesante del asunto? A los 3 los trataba exactamente igual. Gracias a un gerente que me ayudó a identificar las necesidades de cada uno (en ese tiempo todavía estaba muy verde), pude adaptarme a lo que cada uno necesitaba.
Con eso mis evaluaciones mejoraron notablemente.
Así como tú te adaptas a algunas personas, es de esperar que muchas de ellas se adapten a ti. Claro que puedes considerarte el ser perfecto (no serías la primera persona en hacerlo), pero la realidad es que muchos ceden para poder llevar las cosas en armonía contigo.
¿Qué tanto lo haces tú? Si te esfuerzas en siempre salirte con la tuya y que todo debe hacerse a tu modo, tal vez sea hora de revisar si no estás llevando las cosas demasiado lejos.
Los humanos tenemos la capacidad de llevarnos bien cuando queremos, pero también podemos ser inflexibles y molestos con los demás.
Cada día somos más. No importa para donde vayas, la población está aumentando. Lo que parece que no aumenta es nuestra capacidad para llevarnos bien.
¿Cambiará eso o terminaremos matándonos por tropezar con alguien en una calle atestada?
Suena un poco exagerado, pero ya sucede.
No podemos controlar a los demás pero sí podemos controlarnos nosotros mismos. Aunque parezca que no, la gran mayoría de la gente responderá de la misma manera. Además, nunca lo sabrás a menos que lo intentes, digamos, ¿mañana?
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Aunque eso es parte del juego, a veces simplemente olvidamos que, nos guste o no, somos parte de una sociedad y no todos tenemos las mismas ideas.
Así, una ardilla puede ser una fuente de gérmenes para un hipocondriaco o una muestra de diversidad para un ecológico.
La manera en que las personas toman las cosas varía de acuerdo a su propia escala de valores y más vale que tengamos una actitud abierta a la diversidad.
Si tú un día no saludas a tres personas una de ellas puede tomarlo como un insulto, otra como un desaire y la tercera ni siquiera se dará cuenta.
La falta de empatía hacia los demás puede generar muchos problemas.
Hace años tenía 3 clientes. Uno de ellos decía que yo era el mejor que lo había atendido, otro decía que era aceptable y el último decía que yo no servía para nada.
¿Lo interesante del asunto? A los 3 los trataba exactamente igual. Gracias a un gerente que me ayudó a identificar las necesidades de cada uno (en ese tiempo todavía estaba muy verde), pude adaptarme a lo que cada uno necesitaba.
Con eso mis evaluaciones mejoraron notablemente.
Así como tú te adaptas a algunas personas, es de esperar que muchas de ellas se adapten a ti. Claro que puedes considerarte el ser perfecto (no serías la primera persona en hacerlo), pero la realidad es que muchos ceden para poder llevar las cosas en armonía contigo.
¿Qué tanto lo haces tú? Si te esfuerzas en siempre salirte con la tuya y que todo debe hacerse a tu modo, tal vez sea hora de revisar si no estás llevando las cosas demasiado lejos.
Los humanos tenemos la capacidad de llevarnos bien cuando queremos, pero también podemos ser inflexibles y molestos con los demás.
Cada día somos más. No importa para donde vayas, la población está aumentando. Lo que parece que no aumenta es nuestra capacidad para llevarnos bien.
¿Cambiará eso o terminaremos matándonos por tropezar con alguien en una calle atestada?
Suena un poco exagerado, pero ya sucede.
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jueves, 2 de febrero de 2012
Un trabajo de gigantes
Una frase trillada que utilizamos para referirnos a cosas grandiosas es “trabajo de gigantes”. Esta frase fue acuñada hace mucho tiempo, cuando todavía la gente andaba a caballo y la fuerza física era el motor de todo lo que se hacía en la civilización.
Esto lo dijeron más quienes llegaron a América y vieron las grandes ciudades de los Aztecas, Mayas, Incas y otros, que eran, para quienes llegaron en ese tiempo, “trabajo de gigantes”.
Y bueno, era predecible que pensaran eso ya que frente a ellos se alzaban edificios enormes, coloridos y organizados, en una sociedad donde el caballo y el metal no eran conocidos.
¿Quién más podría hacer esas cosas que un gigante?
Sin embargo, la razón de que tan colosales estructuras existan fue porque no se hicieron como un trabajo de gigantes, sino como muchos trabajos de seres humanos normales.
Las pirámides de Giza y otras grandes estructuras se hicieron paso a paso. Si ellos, con tan pocos recursos y tecnología a la mano, pudieron hacer cosas admirables aún para nuestros avances, ¿por qué todo mundo ve sus obstáculos tan grandes?
En las películas de logros y superación se ven muchas personas, con muchos problemas, triunfar a pesar de lo que tienen en contra.
Durante un par de horas te sientas a ver como el protagonista sufre de grandes desafíos y se enfrenta a obstáculos aparentemente insalvables para, en los últimos minutos, lograr el tan ansiado objetivo (puede variar dependiendo de la película) y deje a muchos (muchas, más bien…) con lágrimas en los ojos.
Desde siempre se han hecho este tipo de películas, con actores y con caricaturas, para cine o televisión, libros, novelas, musicales y mil cosas más. Que quieres… es bueno ver que alguien logra algo después de tanto lloriqueo.
Pero pocas muestran lo que normalmente sucede: gente que se da por vencida antes de siquiera hacer el intento.
No que se rindieron ante la adversidad, ni que fueron vencidas por los obstáculos sino gente que ni siquiera movió un dedo, segura de su fracaso.
Son estas las situaciones que deberían hacernos llorar, por el gran potencial desperdiciado y por la gran, gran oportunidad perdida.
Pero buscándole algo bueno al asunto, al menos hay una cosa buena: deja más espacio para quienes realmente pagan el precio del éxito.
Los trabajos de gigantes se hicieron con pequeñas cosas a la vez. Tú también puedes hacer uno. Solo es cuestión de que decidas dar ese primer paso y seguir.
Al menos suda un poco antes de tirar la toalla. ¿No?
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