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viernes, 8 de julio de 2011

Una natural lección de persistencia

Una pregunta que a veces hacen en las escuelas (a mí me tocó varias veces) es ¿qué animal quisieras ser?

Todo mundo eligió animales fuertes, bonitos, inteligentes o con alguna cualidad en especial. Todos querían ser águilas, tigres, leones, ballenas, etc.

Porque, si vas a ser un animal, ¿por qué no el más grande, fuerte y majestuoso de todos? ¿O el más ágil e inteligente?

En su momento yo también elegí un animal hermoso, pero hoy, con la experiencia que tengo de la vida, elegiría otro. Uno más pequeño, sin chiste y cero inteligencia.

Esto porque estoy en un rancho (una de las ventajas de vivir de Internet) y, después de la lluvia, tengo que matar los miles de mosquitos que se juntaron para banquetearse con nosotros.

Tal vez te preguntes que por qué ahora me dio por echarle porras a un mosquito pero la lección que nos da es simple: la persistencia.

No importa que tanto le manotees, le grites, soples o insultes, el mosquito siempre estará tratando de picarte.

No conoce otra cosa; su función en la vida es buscarte para sacarte la sangre, dejarte una roncha sumamente molesta y tener otros pequeños mosquitos que se encargarán de seguir la tradición de sus padres.

Eso es persistencia. Seguirá y seguirá hasta que muera de hambre o lo aplasten de un manotazo.

Si pudiera aprender de un animal, aprendería del mosquito. Su total obstinación hacia un único objetivo y su indomable determinación son algo que hay que admirar.

Claro que no tiene inteligencia y por eso hace lo que hace pero, ¿no viene a ser la inteligencia un estorbo en éste caso?

Así que más que un delfín, un águila o un tigre, también considera al mosquito.

Tal vez no se vea muy impresionante, pero te aseguro que alcanzará más metas que la mayoría.

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jueves, 24 de septiembre de 2009

No Pierdas De Vista Tu Objetivo

"El que adelante no mira, atrás se queda"
refrán

¿Cuantas veces has perdido de vista tu meta? Ya sea ponerte a dieta, ganar más dinero, subir tu sueldo o cualquier cosa que te de la gana, es común, especialmente cuando es una meta a mediano o largo plazo, confundas hacia donde vas y porqué.

Tal vez algo te distrajo en el camino o te concentraste tanto en una tarea que olvidaste todas las demás. Pasa más de lo que te imaginas. El problema con esto es que puedes perder la motivación que te llevó a iniciar en primer lugar y, lo que es peor, no ver tu progreso o la falta de él.

Recuerdo una historia graciosa pero que aplica:

Varios niños jugaban en una vía del tren. A uno de ellos se le ocurrió poner un palo a varios metros y retó a todos para ver quién podía ir caminando sobre uno de los rieles sin caerse y agarrar el palo. Aunque se veía muy fácil de entrada, resultó más difícil de lo que aparentaba.

Conforme iban pasando, todos iban cayendo. Algunos avanzaban más que otros, pero por más que se concentraban en poner bien los pies y mantener el equilibrio, parecía que nadie podría lograr llegar hasta el palo.

Hasta que le tocó al último, un chico bastante gordo y del que se esperaba que cayera a los primeros dos pasos. Sin embargo, el niño avanzó y avanzó. En varias ocasiones estuvo a punto de caerse, pero se mantuvo firme. Al fin, llegó hasta el palo y ganó el reto.

“¡Como lo hiciste!” parecía ser la pregunta general, a lo que el niño no quería contestar. Al contarle la anécdota a su padre, éste le preguntó como lo había logrado. “Es que... solo podía ver hacia adelante... la verdad es que no podía verme los pies...”.

El centrar toda tu atención en una sola cosa puede hacerte dominarla, pero exagerar puede hacerte perder la vista en tu meta y en las tareas que siguen. ¿Cuantas veces te has quedado en el mismo lugar, haciendo lo mismo? Quedarse "estancado" es algo común en cualquier proyecto.

Aunque hay algunas cosas que pueden tenerte ahí y dependen de casa situación, muchas personas se quedan atoradas en la mecánica, en vez de buscar como acercarse al objetivo. Es importante que veas tus pies para ver como caminas, pero no olvides que tienes una meta y hay que ver si estás avanzando.

Si no lo haces así, puedes quedarte como el perro persiguiéndose la cola: camina mucho y se cansa pero siempre sigue en el mismo lugar.