Diariamente me llegan muchos correos que me envían amigos y amigas. Algunos son chistosos, políticos, religiosos y de otros tipos, pero muchos de ellos son de motivación.
Hay algunos muy cursis o chabacanos, pero hay otros que realmente te inspiran.
Probablemente has leído varios de ellos y tal vez te hayan puesto a pensar un poco, pero a mí me han puesto a pensar mucho, especialmente en los demás.
Afortunadamente (para mí), me ha tocado ver este tipo de historias. Personas con todo en contra, con tantos problemas que de veras parecían que los atraían, algunos con problemas físicos y, aún así, lograron el éxito y, algunos, un éxito arrollador.
Y sin embargo, cuando estaba trabajando en la oficina siempre veía a gente quejarse por problemas que parecían tan simples y hasta tontos, que me preguntaba, realmente, ¿qué les hace falta para triunfar?
Algunos decían que “si tuvieran una oportunidad de hacer un negocio” serían exitosos. Personas con un buen trabajo, con ingresos fijos pero no hacían nada más que quejarse. Y también vi personas que no tenían nada, que trabajaban doble turno y aún así hacían un negocio.
Otros diciendo que ya estaban muy “viejos” a los 40 años, mientras que un viejito de 70 lograba grandes cosas a sus años.
Dinero, tiempo, salud, conocimiento… siempre hay algo que, si lo tuvieran, todo sería perfecto y lograrían todo lo que quieren. Pero se quedan sentados, aparentemente disfrutando de unirse para quejarse en conjunto, en vez de levantarse a resolver sus problemas.
Tal vez lo único que falta es dejar de quejarse. Agarrar las oportunidades y echarle ganas en serio. En todo el mundo hay personas con problemas infinitamente mayores que los tuyos y aún así se avientan a lograr el éxito.
¿Qué te hace falta a ti para triunfar?
Busca oportunidades, aprende a ganar dinero en Internet
Para ganar dinero es necesario tener más que herencias, loterías o suerte. Con la actitud correcta, puedes lograr grandes cosas, materiales y de otro tipo.
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jueves, 7 de abril de 2011
miércoles, 7 de octubre de 2009
Hoy Puede Ser Un Gran Día
“Hoy puede ser un gran día
Dale una oportunidad”
“Hoy puede ser un gran día”, Joan Manuel Serrat
Dale una oportunidad”
“Hoy puede ser un gran día”, Joan Manuel Serrat
Todos tenemos un día malo. Parecería que hay ocasiones en que todo está puesto para salirte mal. Vas a salir y llueve, tienes prisa y todos los semáforos están en rojo, tienes una cita y te sale un barro que parece brillar en la oscuridad.
Cosas malas siempre pasan pero es tu actitud la que les da más o menos valor del que realmente tienen. Es común que trates de ver “una razón” por la que suceden las cosas, pero hay que ser prácticos: a veces son un montón de cosas que pasan y resulta que estás por ahí y te tocan.
La realidad es que todos los días empiezan igual y tienen 24 horas. Hay días en que no pasa nada y hay otros en que pasan muchas cosas. Como te prepares para esas cosas harán que tu día sea bueno o malo.
“Parece que me levanté con el pie izquierdo...” es una frase común, aunque, viéndolo bien, totalmente absurda. ¿Significa que puede elegir un día malo solo levantándome con otro pie?
Irónicamente, así es. Bueno, no exactamente. Quién puede cambiar todo es tu actitud y tu actitud depende de tus pensamientos. Si quieres hacer de éste un mal día, te puedo asegurar que tendrás éxito y lograrás que éste sea uno de los peores días de tu vida.
Si te concentras en que sea algo bueno, es probable que tengas el mismo éxito que deseando que sea un mal día.
Con esto no digo que no tengas días malos. Por más positiva que sea tu actitud, ¿quién puede encontrarle el lado bueno, por ejemplo, a un dolor de muelas?
Así que dile a tu cabeza que el día de hoy terminará bien, sin importar lo malo que haya sido hasta el momento y que el día de mañana será todavía mejor. No puedo asegurarte que lo será, pero al menos espera a que pase algo realmente malo para empezar a quejarte.
lunes, 13 de julio de 2009
Solo Le Duele Para Quejarse...
Hace tiempo, un orador se aventó un cuento que me dejó una fuerte impresión, ya que es algo tan cierto y sutil que nadie se da cuenta. Esta es una de las lecciones más valiosas que he aprendido en muchos años y, si la entiendes, estarás en el camino de lograr grandes cambios en tu vida. El cuento va más o menos así:
Un señor iba manejando en su automóvil, en una carretera solitaria. A los lados solo se veía desierto y habían pasado varias horas desde que había visto una casa o poblado. A la distancia apareció un letrero de “Gasolina”, junto con una pequeña tienda desvencijada. Más que gasolina, lo que deseaba era estirar los pies y hacer un poco de conversación, así que se detuvo.
En la entrada estaba un anciano sentado en una mecedora, con un perro echado a su lado. El viajero llenó su tanque y, cuando se acercó a pagar, entro en una animada conversación con el anciano. No pudo evitar notar que el perro se quejaba intermitentemente, no con mucho escándalo, pero era imposible ignorarlo.
Después de un rato y movido por la curiosidad, le preguntó porqué se quejaba el perro.
“¿Qué está enfermo?”, preguntó.
“No, es que está echado encima de un clavo”, contesto el anciano.
“Pero… ¿porqué no se mueve?”, preguntó el viajero incrédulo.
“Es que solo le duele para quejarse”, fue la respuesta.
Y es esta una de las lecciones más valiosas que he aprendido, aunque no exactamente en ese momento. El mundo está lleno de gente que está como el perro: echados arriba de un clavo que les causa dolor y los molesta, pero solo provoca quejas.
Peor aún, he conocido a varios que ha rechazado ofertas de empleo de otros lugares por quedarse en el lugar que aparentemente tanto odian. En una ocasión acepté una de estas ofertas y un compañero de trabajo no lo quiso hacer. Los dos nos quejábamos de lo mismo. Los dos nos sentíamos explotados y mal pagados. Y sin embargo, al presentarse la oportunidad, prefirió seguir ahí… y ahí sigue, varios años después. ¿Me fue mejor? Sí, durante un tiempo, hasta que la empresa empezó a hacer lo mismo que la anterior y me fui. Sin embargo, el tiempo que estuvieron bien gané más dinero, estuve más a gusto y conocí más personas, que me llevaron a otra oportunidad de empleo.
Así que, ¿te quejas de tu situación? ¿te encuentras sentada(o) encima de un clavo? Pues tal vez vaya siendo hora de que muevas tu trasero y lo pongas en otro lado. Quejarse es sano mientras estés pensando en como remediar la situación, pero si no, solamente te estarás llenando de bilis por dentro.
¿Qué estás haciendo TÚ para remediar la situación? Si no estás haciendo nada, mejor cállate. Ahorra saliva y no hagas corajes. Por desgracia, el cuerpo a todo se acostumbra, menos a no comer, así que estarás bien, aunque te pierdas de mil oportunidades de estar mejor.
¿Quieres salir de donde estás? Hay que empezar por moverse. Y eso comienza con una decisión. Deja el club de los quejosos y entra en acción. ¿Te irá mejor? No lo sé, pero quiero pensar que sí. Y si no, siempre podrás moverte… y moverte… y seguirlo haciendo hasta que encuentres tu lugar.
Aunque no lo creas, ese lugar existe y está esperando por ti. Tal vez está más cerca de lo que te imaginas. Claro que puedes quejarte de leer todo este rollo y quedarte donde estás…
Si ya decidiste dejar de quejarte, sigue el enlace e inicia tu negocio por Internet para ganar dinero y salir de donde estás. Siempre es más fácil tener algo adicional.
Un señor iba manejando en su automóvil, en una carretera solitaria. A los lados solo se veía desierto y habían pasado varias horas desde que había visto una casa o poblado. A la distancia apareció un letrero de “Gasolina”, junto con una pequeña tienda desvencijada. Más que gasolina, lo que deseaba era estirar los pies y hacer un poco de conversación, así que se detuvo.
En la entrada estaba un anciano sentado en una mecedora, con un perro echado a su lado. El viajero llenó su tanque y, cuando se acercó a pagar, entro en una animada conversación con el anciano. No pudo evitar notar que el perro se quejaba intermitentemente, no con mucho escándalo, pero era imposible ignorarlo.
Después de un rato y movido por la curiosidad, le preguntó porqué se quejaba el perro.
“¿Qué está enfermo?”, preguntó.
“No, es que está echado encima de un clavo”, contesto el anciano.
“Pero… ¿porqué no se mueve?”, preguntó el viajero incrédulo.
“Es que solo le duele para quejarse”, fue la respuesta.
Y es esta una de las lecciones más valiosas que he aprendido, aunque no exactamente en ese momento. El mundo está lleno de gente que está como el perro: echados arriba de un clavo que les causa dolor y los molesta, pero solo provoca quejas.
"Habiendo tantas oportunidades en este mundo, ¿porqué tantos insisten en sentarse arriba de un clavo?"¿Porqué es tan importante eso? Porque, al igual que al perro, les duele para quejarse, pero no para moverse. Habiendo tantas oportunidades distintas en este mundo, ¿porqué tantos insisten en sentarse arriba de un clavo? Es posible que haya personas que no les quede de otra, pero he conocido mucha gente en mi vida que se la pasa quejándose de su jefe, de la empresa, de cómo no les alcanza, que los explotan, que esto y que aquello… ¡y llevan 15 años trabajando ahí!
Peor aún, he conocido a varios que ha rechazado ofertas de empleo de otros lugares por quedarse en el lugar que aparentemente tanto odian. En una ocasión acepté una de estas ofertas y un compañero de trabajo no lo quiso hacer. Los dos nos quejábamos de lo mismo. Los dos nos sentíamos explotados y mal pagados. Y sin embargo, al presentarse la oportunidad, prefirió seguir ahí… y ahí sigue, varios años después. ¿Me fue mejor? Sí, durante un tiempo, hasta que la empresa empezó a hacer lo mismo que la anterior y me fui. Sin embargo, el tiempo que estuvieron bien gané más dinero, estuve más a gusto y conocí más personas, que me llevaron a otra oportunidad de empleo.
Así que, ¿te quejas de tu situación? ¿te encuentras sentada(o) encima de un clavo? Pues tal vez vaya siendo hora de que muevas tu trasero y lo pongas en otro lado. Quejarse es sano mientras estés pensando en como remediar la situación, pero si no, solamente te estarás llenando de bilis por dentro.
¿Qué estás haciendo TÚ para remediar la situación? Si no estás haciendo nada, mejor cállate. Ahorra saliva y no hagas corajes. Por desgracia, el cuerpo a todo se acostumbra, menos a no comer, así que estarás bien, aunque te pierdas de mil oportunidades de estar mejor.
¿Quieres salir de donde estás? Hay que empezar por moverse. Y eso comienza con una decisión. Deja el club de los quejosos y entra en acción. ¿Te irá mejor? No lo sé, pero quiero pensar que sí. Y si no, siempre podrás moverte… y moverte… y seguirlo haciendo hasta que encuentres tu lugar.
Aunque no lo creas, ese lugar existe y está esperando por ti. Tal vez está más cerca de lo que te imaginas. Claro que puedes quejarte de leer todo este rollo y quedarte donde estás…
Si ya decidiste dejar de quejarte, sigue el enlace e inicia tu negocio por Internet para ganar dinero y salir de donde estás. Siempre es más fácil tener algo adicional.
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