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miércoles, 16 de marzo de 2011

¿Convencimiento o Inercia?

Una de las cosas que normalmente acompañan un emprendimiento es el entusiasmo. La idea de iniciar algo nuevo, un negocio, un empleo o una clase de baile, nos llena de expectativas y no podemos esperar para empezar.

Sin embargo, como ya he comentado en otras ocasiones, el entusiasmo se puede enfriar rápidamente si no obtienes resultados rápidos.

Aunque mucha gente pierde el entusiasmo y deja todo, otras personas continúan haciendo lo que tienen que hacer, perseverando en su intento de lograr la meta.

Cualquier persona que se mantenga firme y decida seguir sus objetivos es digna del éxito, pero hay una diferencia que puede significar mucho: trabajar por inercia o por convencimiento.

Quién trabaja por inercia lo hace solo por seguir. Tal vez no quiere que se le catalogue como alguien que se da por vencido o porque ya invirtió mucho o para que “no digan…”.

No es precisamente la mejor de las opciones pero bueno, tú puedes lograr el éxito si la inercia es lo suficientemente duradera como para llevarte hasta tu meta.

Por desgracia, raramente lo es. Quién trabaja por inercia lo hace sin muchas ganas y sin esperar mucho a cambio.

Así como alguien que barre la acera de su casa sabiendo que mañana estará llena de hojas otra vez pero, ¿qué se le va a hacer?

Por otro lado, quien está convencido de que lo que hace logrará su objetivo ve el mundo de forma distinta.

Todas las actividades tienen un logro y espera realmente que las cosas salgan bien. Conforme pasa el tiempo sabe que se acerca a su meta.

Un maratonista puede correr durante horas y no dudo que algún momento le den ganas de sentarse en una banca y mandar todo al diablo. Sin embargo, sabe que si con cada paso se acerca a la meta. No hay duda; de hecho es físicamente imposible ir hacia atrás cuando das un paso hacia adelante.

Las cosas pueden tardar pero si te convences de algo todo es mucho más fácil.

Así que la pregunta es: ¿trabajas por inercia o convencimiento?

martes, 21 de diciembre de 2010

Entusiasmo, Aunque Sea Fingido

Hace poco veía una payasa en una fiesta infantil. La chica, supongo que por su dinero, hacía mil malabares y se mostraba feliz hacia una horda de niños que prácticamente no le hacían caso.

Sin embargo, terminó la fiesta con una sonrisa permanente. Ese entusiasmo por hacer un trabajo que se veía bastante ingrato debería ser una inspiración para todos.

El entusiasmo es lo que puede hacer llevadera cualquier cosa, aún cuando no sea totalmente real. En el medio del entretenimiento el entusiasmo es básico; ¿quién quiere ir a un concierto o ver un programa en el que el protagonista no está emocionado o feliz?

Todos lo hacemos. Vamos a reuniones con gente que nos cae mal y fingimos un entusiasmo que no sentimos. Vamos a ver a un cliente insufrible y fingimos que esa reunión es lo mejor que nos ha pasado en el día.

Sin embargo, muchos ni siquiera fingen un poco de entusiasmo cuando quieren ganar más dinero con un negocio o venta independiente.

¿No debería ser al revés? Si tienes algo que te puede dar independencia o un mejor nivel de ingresos, ¿no deberías hacer eso con todo el entusiasmo del mundo, aunque sea fingido como el que utilizas en muchas otras cosas?

Nuestra mente puede ser engañada por nosotros mismos para hacer lo que queramos. Lo que pensamos por más tiempo es lo que afecta nuestra actitud, así que si piensas en entusiasmo es posible que te llegue más rápido.

Así que, no importa lo que hagas, siempre hazlo con entusiasmo, aunque no sea lo que sientas en ese momento. Si perseveras, es probable que termines sintiendo el entusiasmo que finges o, al menos, que hagas más llevadera la cosa que estés haciendo.

Somos seres de hábitos. Si aprendemos a ser entusiastas, probablemente lo podremos “encender” cuando queramos.

lunes, 19 de abril de 2010

Cuando Seas Grande...

¿Bombero? ¿Doctor? ¿Policía? ¿Podrías recordar que querías ser cuando crecieras? Una de las cosas que tienen los niños es que no tiene imposibles.

Cuando a un niño le preguntan que quiere hacer cuando crezca, contesta inmediatamente pensando en lo que más desea.

Si te hacen la pregunta 20 años después, no contestarás igual. La respuesta estará basada en las muchas cosas que has vivido.

Pensarás en tu trabajo, en tus deudas, el tiempo que tienes libre, en que “no sirves” para esto o aquello y en las posibilidades que hay de lograr lo que quieres.

¿Porqué no volver al tiempo de la niñez, donde podías olvidarte de todo y contestar rápidamente y sin miedo?

Es inevitable que, conforme vayamos creciendo, nuestra actitud hacia la vida vaya cambiando. No podemos dejar de pensar en todo lo que nos ha pasado y que nos hace más “cuidadosos” (por no decir miedosos) hacia lo que podemos hacer o no.

Aunque no es muy sabio dejar que los impulsos controlen nuestra vida, no estaría mal sentir nuevamente ese entusiasmo infantil hacia algo.

Ya sabes… sin pensar tanto en las consecuencias y con la confianza de que todo saldrá bien.

SI alguna vez pudiste hacerlo, no estaría mal revivirlo un poco. A fin de cuentas, oportunidades habrá muchas y es mejor aprovecharlas con el entusiasmo el 100%.