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sábado, 28 de mayo de 2011

¿Realmente quieres hacer algo distinto?


"Cuando el corazón lo quiere, encontrará mil caminos.
Cuando no, encontrará mil excusas."

Arlen Price

Cuando quieres salir con la persona que te gusta, no hay poder sobre la tierra que te detenga. Puede hacer frío, calor, puedes estar muriendo de cansancio o tener mucha flojera, pero no importa.

Pero para estudiar otra carrera, aprender otro idioma, salir a un museo o ayudar a los niños sin hogar, hay que ver las grandiosas y lógicas excusas que salen inmediatamente.

En esto el ingenio parece no tener par.

Lo mismo pasa con los conciertos de tu artista favorito, los partidos de la final de fútbol (o tu deporte favorito) y las comidas y fiestas gratis.

Nunca hay dinero para cursos, libros (donde aprendas algo, no novelas, albures o chistes…), herramientas o cosas que te puedan sacar de donde estas.

Sin embargo, para un nuevo celular, ropita nueva o unos “sixes” de cerveza siempre encontrarás la manera, aunque a veces hasta tengas que trabajar más.

En esto el ingenio tampoco parece tener par.

Así que la próxima vez que estés pensando en que no puedes hacer algo, pregúntate si no es solo una excusa que estás inventado porque no quieres hacerlo.

En el mundo hay miles de personas con problemas mucho mayores que los tuyos y aún así se avientan a lograr lo que quieren.

¿Qué tanto quieres eso que estás pensando? ¿Lo suficiente para encontrar mil caminos o para inventar mil excusas?

Eso solo tú puedes responderlo y solo tú puedes hacer algo al respecto.

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martes, 26 de abril de 2011

Excusas o acciones

Cuando se trata de hacer algo hay dos tipos de personas en este mundo: los que ponen excusas y los que no.

Hay quienes tienen una habilidad impresionante para poner cualquier excusa que los saque de la responsabilidad que tienen.

Tienen la tendencia de echarle la culpa al estado del tiempo, al gobierno, sus papás, sus maestros, la TV o la falta de súper héroes.

Los otros nunca ponen excusas. Esa gente rara vez dice algo. Simplemente entran en acción. Si las cosas no se han hecho, las hacen. Si salieron mal, las arreglan.

Esta gente siempre está en acción y es la que, generalmente, consigue el éxito en todo lo que emprende y si no, no le echa la culpa a los demás.

Todas las personas nacen con una habilidad parecida para poder hacer cosas. Aunque hay algunos que tienen grandes talentos y otros con muchas limitaciones, en general todos podemos hacer lo mismo.

Lo interesante es que nadie nace con el talento para inventar excusas: ese se adquiere con la experiencia.

A veces el no poder terminar con algo o cuando las cosas salen mal hace que pienses que alguien más tiene la culpa.

Mientras ves como todo se va al caño empiezas a murmurar en contra de la competencia, de la mala educación y de los extraterrestres que hicieron que todo saliera mal.

Eso es natural. Todos lo hacemos de vez en cuando. El problema es cuando esos pensamientos se convierten en razones que hasta tú crees y de pronto todo tiene sentido: no es culpa tuya.

Todos tenemos la misma opción todos los días: entrar en acción o inventar una nueva excusa. Todos podemos hacer lo mismo que los demás, solo que algunos inventarán algo para dejarlo para después.

La bueno es que está decisión no es definitiva, la tomas todos los días. ¿Qué decidirás hoy?

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miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Qué es lo que te detiene?

¿Has logrado todas tus metas? ¿Has avanzado tanto como querías? ¿Has hecho todo lo que tenías en mente?

Es probable que tengas un “no” para alguna de estas preguntas y, dependiendo de qué tanto signifique para ti, ese “no” lo dirás con humor, indiferencia o rencor.

La razón de no avanzar es simple: algo te detiene. Ya sea una puerta cerrada, la falta de conocimiento, un carro averiado… las causas pueden ser muchas.

Sin embargo, ¿te has preguntado realmente que es lo que te detiene?

¿Estudios? ¿Tiempo? ¿Dinero? Más bien, ¿no serán ganas?

Cuando te preguntas a ti, sin que haya nadie cerca, ¿Qué es lo que te detiene? ¿Qué te respondes?

Sería bueno que lo apuntaras. Así podrías ver que lo que te detiene no es otra cosa que tus justificaciones, tus miedos, tus excusas favoritas y la racionalización que haces de todo.

Por ejemplo: “No he aprendido inglés porque no tengo dinero para una buena escuela; si lo tuviera, ya estaría hablándolo”. Suena lógico. Sin embargo, es probable que gastes más en cerveza, amigos, salidas, pareja y demás. Además, hay opciones para aprender inglés por correspondencia, en línea y a todos los precios.

Tal vez no estarías como hablando al 100% pero te aseguro que estarías más cerca de la meta que como estás por una razón tan buena como la anterior.

Como humanos nos pueden detener muchas cosas, a veces justificadamente y a veces no, pero es decisión tuya el quedarte en un solo lugar.

Hay muchas personas con muchos más problemas e infinitamente menos capacidad que tú y que, sin embargo, han logrado más que muchos (incluyéndote).

Empieza por ver que es lo que realmente te detiene. Si lo analizas con cuidado, es probable que, más que circunstancias, enfermedades u otra cosa, el mayor obstáculo para lograr tus sueños seas tú.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Hay Que Hacer Tiempo

“Nunca encontrarás tiempo suficiente para nada, tienes que crearlo”
Charles Buxton

Para lograr tus objetivos, cualquiera que esto sean, necesitas tiempo. Lo malo es que en estos tiempos tan acelerados parece que el día no alcanza para nada.

Apenas te levantas, haces un par de cosas y ya es medio día. Parecería que todavía tienes tiempo de sacar algunas otras cosas pero haces un par más y ya es de noche. ¿A dónde se fue todo el día?, te preguntas.

Tu situación no es distinta de la miles o probablemente millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, el “no tener tiempo” rara vez es una buena excusa.

La cosa es que el tiempo es el mismo para todos y hay quienes siempre parecen tenerlo para cualquier cosa que se les ocurre.

La buena noticia es que puedes hacer lo mismo, pero vas a tener que dar algo a cambio, como no ir al cine una tarde, no salir el fin de semana o dejar de ver algo por la televisión.

Como de costumbre, la pregunta es: ¿Vale la pena el esfuerzo? Esa respuesta solo la tienes tú. Si lo que quieres lograr te va a hacer más feliz en el futuro, creo que hay que contestar que sí.

La idea principal es que vas a tener que dar algo en el corto plazo (tu diversión, socializar, etc.) para tener algo que los demás no van a tener en el futuro.

La gente más exitosa es la que piensa y planea a largo plazo. La gente que no lo es tanto es la que se enfoca en la gratificación inmediata.

Por desgracia es la mayoría de la gente la que se enfoca en obtener recompensas inmediatas y se embarca en un comportamiento que les traerá problema y frustración en el futuro.

Si estás en esta situación, empieza a pensar un poco en la siguiente semana, el siguiente mes o, incluso, en los años venideros. No es fácil, pero verás la diferencia muy pronto.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Con Un Perro Detrás De Ti...

Si en algo le sobra creatividad al ser humano, es en inventar excusas. Prácticamente desde que aprendes a hablar, aprendes a inventar cosas para justificar o eludir las cosas que haces. Los niños hasta se ven chistosos, diciendo que se comieron el chocolate aunque tengan los dientes cafés o las niñas que dicen que no se maquillaron aunque les brille la cara.

Como todo en el ser humano es evolución, con el tiempo las excusas se hacen más sofisticadas y convincentes. ¿Porque no utilizar esa creatividad en otra cosa? Pero bueno, no es el punto de esta entrada. El punto es que, a pesar de las muchas excusas que pones para no hacer tu nuevo negocio, no buscar otro trabajo, dejar a esa pareja infiel o ya no irle al equipo de fútbol que siempre pierde, tienes todo el potencial para hacerlo.

Cuando eramos niños, uno de nuestros amigos era muy llorón para subirse a los árboles. Mientras todos estábamos trepados, se la pasaba en el suelo lloriqueando que jugáramos a otra cosa. Sin embargo, como niños lindos, nos quedábamos arriba y nos reíamos de él. Siempre inventaba excusas para decir porqué no se subía. Que sí se le ensuciaba la ropa, que lo regañaban, que había insectos, que le daba flojera, etc. Eso hasta que llegó su inspiración, su deseo de superación y su sueño de estar hasta la cima, entre los que se atreven y miran a los demás en el suelo.

Como muchas otras cosas, toda esa gran oportunidad llegó muy bien disfrazada, que solo los que ponen mucha atención pueden ver. Él no estaba poniendo atención, así que no la vio hasta que le gritamos que la viera.

Su oportunidad llegó en la forma de un perro. El típico perro cruzado de haragán, aguantador, incansable y bravo. El perro vivía en una casa al lado de donde estaban los árboles y, como buenos niños, nos dedicábamos a molestarlo desde el otro lado de la barda de alambre.

Hasta ese día. No se si el dueño dejó la puerta abierta por descuido o para darle al perro la oportunidad de vengarse, pero el chiste es que el perro salió corriendo y se dirigió a la presa más a la mano: el que no se subía a los árboles.

Mi amigo volteó a ver el perro. Aunque no estaba en su lugar, puedo imaginar la cara del perro, la boca abierta, los colmillos brillando y los ojos con la expresión de “ahora sí, ríete mendigo...”. Lo que vino después fue un alarde de equilibrio, balance, velocidad y fuerza. Nunca había visto a alguien subir un árbol tan rápido y tan alto.

A partir de entonces, todos estábamos en los árboles. Quién antes inventaba de todo para no subirse, le agarró más gusto que los demás, al punto de que, años después, estuvo en clubs de alpinismo y subió muchas montañas.

Hay muchas razones sociológicas, psicológicas y físicas para no hacer cosas, y seguramente tienes algunas. Sin embargo, también hay un momento en que decides mandar todo al diablo y realizar lo que realmente quieres.

El perro puede ser un buen aliciente para que hagas cosas, pero mejor hazlas por ti. Después de todo, no puedes depender del mejor amigo del hombre para que cambie todo en un instante.